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25 de febrero: natalicio del Padre de la Patria Argentina
JOSE DE SAN MARTIN: NUMEN DE LA LIBERTAD

Por  Andrés Mendieta*

Andrés Mendieta

“Reunía todas las virtudes que Plutarco ha inmortalizado en su historia de los hombres célebres. Nadie ha sido más bravo y más hábil en el campos de batalla, más prudente y más capaz en los consejos; ningún político ofrece el ejemplo de una abnegación más completa y de un patriotismo más modesto y más puro”.

Con estas palabras predecía el juicio que habría de dictar la posteridad el diario francés “Le Courier du Havre”, el 13 de agosto de 1850, a la semana de producirse la expiración del máximo héroe argentino, el general Don José de San Martín, inspirador de la libertad hispanoamericana.
Era un predestinado y sobre él dijo Nicolás Avellaneda: “Su espada sólo brilló para emancipar pueblos; y representa la acción exterior de la Revolución de Mayo, saliendo de sus límites naturales, abarcando la mitad de América con sus vastas concepciones y contribuyendo con sus generales y soldados a sellar la independencia de muchos pueblos.
“Las victorias de San Martín son los lampos de luz que circundan el nombre argentino; y mostrando sus trofeos que fueron pueblos redimidos, nos cubrimos con sus resplandores para llamarnos libertadores de naciones. “La obra del guerrero se perpetúa y se magnifica representada por los pueblos nuevos que prosperan cada día en la civilización y en la libertad. Su memoria pertenece a la historia que lo menciona entre los grandes capitanes del mundo, y es honor de un continente y la gloria de un pueblo. Esta es su obra encarnada ya en millones de hombres, y podemos decir que desde todos los puntos de América se divisa su nombre encumbrado sobre uno de los más altos pedestales del siglo y resguardado por siempre contra el olvido por el juicio humano”.


Su niñez y formación

Esta nota que tiene por finalidad expresar la lectura de páginas donde devotamente han sido exaltadas las virtudes del “Gran Capitán” tales como la de José Martí, libertador y escritor cubano, cuando manifiesta: “Su sangre era de un militar leonés y de una nieta de conquistadores; nació siendo el padre gobernador de Yapeyú , a la orilla de uno de los ríos portentosos de América; aprendió a leer en las faldas de los montes , criado en el pueblo como hijo del señor, a la sombra de las palmas y de los urundayes. A España se lo llevaron, a aprender baile y latín en el seminario de los nobles; y a los doce años el niño que “reía poco” era cadete. Cuando volvió teniente coronel español de treinta y cuatro años, a pelear contra España, no era el hombre crecido al pampero y a la lluvia, en las entrañas de su país americano, sino el militar que al calor de los recuerdos nativos, creó en las sombras de las logias de Lautaro, entre condes de Madrid y patricios juveniles la voluntad de trabajar con el plan y sistema por la independencia de América”.

Por su parte, el ensayista español Barcia Trelles lo ubica a San Martín como el “más grande genio militar que produjo España en el siglo XVIII”. Más adelante señala que: “fue de los vencedores de Bailén, la primera batalla en que los ejércitos napoleónicos conocieron la amargura de la derrota “. Se cuenta que, posteriormente, hecha la paz entre España y Francia, Napoleón revistó las tropas peninsulares y detuvo su paso frente a ese aguerrido oficial de aguileña mirada para leer la medalla que lucía en su pecho y que decía “Bailén”. El instinto heroico reconoce a los genios. El gran capitán de Europa se inclinó ante el futuro capitán de América.

Mientras tanto Benjamín Vicuña Mackenna, historiador y político chileno, lo define de la siguiente manera al Libertador: “San Martín, como ser físico, poseía de una figura arrogante, altiva y en un todo militar. Había nacido soldado y murió soldado. Alto, moreno, ancho de pecho, rígido como un sable, su espesa cabellera negra caía aún en su edad madura, en enérgicas guedejas sobre su frente atezada, según se deja ver en un retrato casi juvenil que de él se conservó en la Sala de Gobierno de la Antigua Mendoza. En su vejez peinaba, empero, sus canas cortadas militarmente, con la llaneza del cuartel. Su nariz era aguileña, su barba saliente, su boca enérgica, si bien en los últimos años espesos bigotes completamente cano disimulaba la languidez de sus pliegues y la pérdida de su dentadura. “La vida parecía , sin embargo, concentrarse en los ojos, de un negro brillante sombrío en que todas las pasiones parecían teñirse de relámpagos como en los de aquel admirable tipo de belleza guerrera que poco después se extinguió entre nosotros: su capitán favorito , Las Heras. “La “mirada terrible” del general San Martín ha quedado en Chile como una especie de leyenda, pero a nuestro juicio había en esa severidad del semblante más aparato que ira, más estrategia que pasión. San Martín, por no gritar, miraba”.

“Sinceramente convencido del éxito infalible que la ocupación de Chile debía tener la caída de Lima y en la destrucción del poder español en el Perú, había el general San Martín preparado su ejército con una menudencia de detalles y con una atención tan prolija al lleno de cada necesidad que pudiera ofrecer, no solo el conjunto de su movimiento, sino cada cuerpo, cada arma y cada soldado, que nada había dejado pendiente al acaso o a lo imprevisto”, dice Vicente Fidel López.“La manera de transportar los cañones y las cureñas al través de las rápidas y estrechas laderas de la cordillera; el forraje y los aparejos para las mulas, apropiados a cada caso y a cada género de carga; el abrigo de cada soldado, los cueros indispensables para que salvasen el pié de las asperezas del suelo, de la nieve y de las demás contingencias de la marcha; los alimentos para neutralizar la asfixia que producen aquellas alturas; el cuidado y la distribución de los caballos ; los herradores , el inmenso tráfago del parque , de las municiones; la manera de descender al terreno enemigo, de montar la artillería, de ejecutar las primeras sorpresas , de apoderarse de los mejores recursos , de montar y de poner en movimiento sus vanguardias , de ocupar los flancos y de tomar en detalle las fuerzas enemigas con su ejército compacto y reconcentrado a un punto de las diversas direcciones con que en un día debían llegar sus divisiones a ese punto ; todo este cuidado maravilloso de previsiones que no pueden formarse; y tomar vida sino en una gran cabeza militar y administrativa , fue obra del general San Martín en Cuyo llevada a cabo con una deficiencia de medios y recursos que hace más asombroso el poderoso trabajo de ingenio que tuvo que consagrarle ; porque fuera de él ningún hombre superior tenía a su lado que supiese , sino que afanosos cooperadores que ponían todo su saber en hacer ejecutar lo que él les detallaba , les formulaba o les sugería. “Es ahí donde está todo entero, y en su grandeza, el general San Martín”.


Una historia que revela su talla

El anedoctario donde estampó su personalidad quien tuvo como bandera: América; y como clarín: la Libertad, es muy rico. Para fortalecer la memoria del lector sólo nos ocuparemos de algunas. Por ejemplo, entre los militares del ejército argentino se consideraba dos acontecimientos. El primero, en Tucumán, cuando Lamadrid pretendió discutir al jefe la orden que había impartido. San Martín ni siquiera miró al oficial y sacando el reloj para expresarle de inmediato con firmeza: “Han pasado ya dos minutos de la hora en que deben estar en formación los piquetes que he pedido”. Fue una lección que sirvió de mucho para la disciplina del cuerpo. La segunda en oportunidad que impartía academia a sus oficiales pretendiendo unificar la voz de mando. Allí estaba, entre otros, Manuel Belgrano que tenía voz delgada. Cuando le tocó el turno a Manuel Dorrego lo hizo imitando a Belgrano. San Martín al escucharlo alzó el candelabro y dando un terrible golpe sobre la mesa, con la mirada cargada como un rayo, le dijo en tono que conmovió a toda la oficialidad: “Señor coronel: hemos venido a uniformar las voces de mando”. Al día siguiente Dorrego partía a Santiago del Estero, confinado.

Después de la batalla de Maipú, donde sus armas se habían colmado de gloria, recibió la visita del representante del gobierno de los Estados Unidos, Mr. Wortington, quien le manifestó los placeres del estado norteamericano. “Me pareció –dijo el diplomático- despreocupadlo y tranquilo. Vestía un sencillo levitón azul. Al felicitarlo muy particularmente por su triunfo en Maipú, sonriendo con modestia, me contestó: “Es la suerte de la guerra, nada más”. El mismo Mr. Wortington consideró a San Martín y así lo consignó en sus informes, como el hombre “más grande de lo que he visto en América de Sur”. Cuando entró triunfador en Lima lo hizo sin pompa heroica, a pesar de que ese acto era el más trascendental en la historia de la revolución americana, pues significaba la caída del baluarte principal del poder realista.

Treinta años de exilio

Domingo Faustino Sarmiento también estampó su firma para referirse al confinamiento impuesto por el Libertador cuando dice: “Casi treinta años han discurrido desde la época desde que San Martín dijo en Lima adiós a la gloria y a la América… Ninguna queja ni un esfuerzo, ni una palabra se ha escapado a San Martín de Manera que la historia unirá a la página que sin terminarse concluía en 1823, la fecha de su muerte acaecida en Bolugne Sur Mer en 1850.
“Pero para la biografía del hombre de corazón, ¡cuántas páginas preciosas quedan y cuántas lecciones abraza aquel intervalo!

“Después de vagar por varios países de Europa, el ínclito varón se fija en los acreedores de París, se hace campesino, sin boato como sin ostentación de pobreza y desvalimiento, cual, para hace antitesis a su pasado esplendor y poner en acción una ironía, suelen los caídos de las alturas del poder. Es campesino en el verdadero sentido de la palabra poniendo al servicio de flores y de legumbres os hábitos matinales adquiridos en la vida militar. En Grand Bourg, rodeado de su familia viviendo para el como en otro tiempo para la independencia de América, ha dejado acumularse sobre sus hombros lentamente los años y deslizarse quietamente la vida como se deslizaban a su vista las antiguas aguan del Sena que llevan su tribuno al vecino mar”.

Cuando Belisario Roldán pronunció su famoso discurso: “Padre nuestro que estás en el bronce de la inmortalidad” hacía tiempo que el Padre de la Patria había pasado a ocupar un lugar rutilante en el cielo de las glorias indestructibles, junto a las figuras más ilustres de la historia de la humanidad. La justicia de los hombres muchas veces tarda; pero no tardó en pronunciar su fallo sobre la vida pública del Libertador americano. Pero por más justicia que se le tribute, siempre será poca.
Y así fue el General San Martín: un militar ejemplar, el genio, el labrador de espíritus y civilizaciones.
Andrés Mendieta

Andrés Mendieta
andresmendieta@datafull.com
Telf.: +54 (387) 436 1412
Aldo Saravia 1363
Bº Los Pinos - Grand Bourg
4400 - Salta (República Argentina)

 

 

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