“Vengo a encontrarme con una comunidad
cristiana que se remonta a la época apostólica.
En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San
Pablo, que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor,
cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago
de Compostela; que fue conquistada para la Fe por el afán
misioneros de los siete apostólicos, que propició
la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo,
que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago,
que vivió la empresa de la Reconquista, que descubrió
y evangelizó América, que iluminó la
ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología
en Trento. Vengo atraído por una historia admirable
de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escritas
en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras
que renovaron esa Iglesia, fortaleciendo su fe, la defendieron
en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros
continentes. ¡Gracias España, gracias Iglesia
en España por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa
de Cristo!”.
Juan Pablo II, es el mismo Sumo Pontífice
que dijo en México, en 1979, refiriéndose a la
misión evangelizadora de España que no sólo
la enalteció sino también destacó la heroicidad
de
“aquellos religiosos que vinieron a
defender la dignidad de los indígenas, a proclamar
sus derechos inviolables y a favorecer su promoción
integral”.
Cuando se habla de la España misionera
hay a las espaldas un nombre que no puede omitirse. El mismo
corresponde a Isabel la Católica, de cuya muerte se cumplirá
el quinto centenario el 26 de noviembre venidero.
Esta reina desde su más tierna infancia
ensayó las virtudes cristianas y la oración. Procedía
siempre meditando en la doctrina de Dios, piedades que fue ostentando
en el transcurso de su vida testificando su compromiso con sus
pasiones espirituales, piadosas…Se entregó a ellos
en cuerpo y alma, y siempre se desenvolvió bajo el dictado
de su conciencia. Despreció la esclavitud y ambicionó
que en las tierras descubiertas lo elemental que se debía
hacer era evangelizarlas, enviando frailes y misioneros para
pregonar la fe católica por todo el mundo. Fue una precursora
de los derechos humanos, de los que tanto hoy se habla.
A raíz de algunas actitudes por
parte de Cristóbal Colón y de quienes lo acompañaban
hacia los indios que se encontraban en Antillas comisionó
a Francisco de Bobadilla que los libertara, y éste a
su vez, separó a Colón y lo envió a España
en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de aquí
la política adoptada fue bien clara: los indios son hombres
libres, sometidos como los demás a la Corona y deben
ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas.
Quienes
consideren este cuadro como demasiado idílico, les convendría
leer el codicilo que Isabel añadió a su testamento
tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que
dice así:
“Concedidas nos fueron por la Santa
Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar
Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal
intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos
que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a
aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas
de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos
de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por
ello suplico al Rey mi señor, muy afectuosamente, y
recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el
Príncipe, que así lo hagan y cumplan y que sea
su fin principal y que en él empleen mucha diligencia
y que no consientan que los nativos y habitantes de dichas
tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno
en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para
que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren
algún daño, lo repararen”
Se trata de un documento sorprendente que
no tiene similitud en la historia colonial de ningún
país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan injustamente
difamada como la que se proyecta hacia Isabel la Católica,
en estos momentos que se abrió en el Vaticano la Causa
de Beatificación.
El mandato se debía cumplir con
la conquista, poblamiento, colonización y, la evangelización
en América. Con respecto a la conquista ella dio pié
a una llamada “leyenda negra”. La conquista fue
un hecho humano y como tal se dieron todas las características
de las situaciones protagonizadas por hombres. En esa hazaña
echa por esta razón se registraron abusos, ferocidades
y malos tratos; pero también significativas expresiones
de caridad, grandeza, magnanimidad y abnegaciones que egoístamente
y políticamente son ignorados.
Por lo señalado no existen dudas
que fueron la corona de España e Isabel la Católica
los principales artífices tras la conversión de
los naturales y de la difusión de la fe porque ella lleva
honrar al Hijo de Dios sin apartarnos de la gloria de María.
La primera manifestación
del Culto Mariano en América, reconocido por la Iglesia
católica bajo el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe
-patrona de México y de América Latina- cuando
la Virgen María, Madre de Dios, se le apareció
al indígena Juan Diego, hoy Santo- , junto al cerrito
del Tepeyac a poca distancia de la ciudad de México (Tenochtitlán)
el 8 diciembre de 1531. La Santa Figura le habló a Diego
en náhuatl, la lengua de los aztecas, expresándole
su deseo de que en aquel lugar se edificara un templo donde
se la pudiera adorar, manifestación que se la hizo conocer
al obispo Juan de Zumárraga o.f.m. quien dudó
de esas palabras. El prelado le pidió una prueba que
demostrara la veracidad del milagro. Cuenta la historia que
días después la Virgen se presentó a Diego,
requiriéndole que llevara al obispo unas flores. En ese
tiempo las flores escaseaban pero el privilegiado nativo las
recogió de la colina de Tepeyac, donde sólo crecían
zarzales y cactus.¡Allí había hermosísimas
rosas en abundancia!, ésta había de ser la señal
que Juan Diego llevaría al obispo. Después de
dos horas de espera puso los pimpollos ante el obispo Zumárraga.
Tremenda sorpresa para el prelado cuando las flores quedaron
impresas con el dibujo de la imagen de la Virgen en su manta
de algodón, tejida de toscos hilos provenientes de una
planta muy trabajada por los indios de México.
A pedido de la Santísima Virgen María se edificó
una ermita en el cerro Tepeyac donde comenzó a ser venerada
convirtiéndose este episodio como el primer encuentro
visible de María con los indios.
Comprobado
y reconocido el milagro por la Iglesia católica, la Virgen
de Guadalupe fue sucesivamente proclamada patrona de la ciudad
de México (1737), coronada como reina de México
(1895), declarada celestial patrona de América Latina
por el Papa san Pío X (1910) y citada por Pío
XII como “emperatriz de las Américas”(1945).
Para mayor valor del tema escogido estimo que
debo proseguir mi exposición haciendo referencia al
apóstol Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles
de Jesucristo, hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de
san Juan Evangelista. Junto a san Pedro y san Juan, Santiago
tuvo el privilegio de contemplar la transfiguración
y la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.
A Santiago, el hijo de Zebedeo, poco antes
de su muerte, se le apareció la Virgen María.
Decapitado en los tiempos de Herodes Agripa I, rey de Judea,
hacia el año 44, se convirtió en el primero de
los doce apóstoles en ser martirizado (He. 12,1-2).
¿Por qué mencionarlo en este
pasaje a este santo protector de España? Santiago Apóstol
fue una demostración más de María en América
y precisamente en Salta. El 16 de abril de 1582 fue escogido
patrono de Salta, junto a san Felipe, desde aquel mismo momento
en que fundaba la ciudad el Licenciado Hernando de Lerma. En
el acta fundacional de Salta puede leerse:
“día lunes de Pascua de Resurrección
del año 1582 (16 de abril) cuando “El dicho Señor
Gobernador (Hernando de Lerma), mandó hacer y se hizo
un hoyo, donde cerca de el estaba un palo puesto y dijo: Que
en nombre de la Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu
Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, e
de la gloriosa Virgen, su bendita Madre, e del Apóstol
Santiago, luz y espejo de España y en nombre de su
Majestad Señor Rey Felipe Segundo, como su Gobernador
y Capitán General Justicia Mayor de estas Provincias
del Tucumán y sus dependencias, como leal creado y
vasallo suyo, y en virtud de sus Reales poderes e instrucciones,
mandaba y mandó poner y se puso el dicho palo, por
picota, en dicho hoyo… y que de hoy en adelante para
siempre jamás se nombre y llame esta dicha ciudad.
Ciudad de Lerma en el Valle de Salta…”
Otra evidencia donde se pone a María
como abogada e intercesora de un pueblo de Dios.
Con la fuerza de la Cruz y la luz de Cristo
y Maria en América se prosiguió escribiendo páginas
vinculadas al culto mariano. A San Francisco Solano –hombre
de profunda piedad- le corresponde ahora ocupar la atención
de ustedes por haber sido un vehículo importante en la
difusión de la advocación a la Madre de Dios en
lo que hace al actual territorio argentino.
Llegó
a estas tierras procedentes del Perú; provisto por su
fama de santidad recorrió su humanitaria hazaña
en las actuales provincias argentina de San Miguel de Tucumán,
San Felipe de Salta, San Salvador de Jujuy, Santiago del Estero,
San Fernando del Valle de Catamarca, Córdoba de la Nueva
Andalucía, y Todos los Santos de la Nueva Rioja. En Nuestra
Señora de Esteco, hacía rígidas penitencias
para suplicar piedad por los perversiones de ese poblado. A
este suceso, y al virtuoso, se menciona una copla popular lugareño,
transmitido hasta nuestros días, donde, condenando a
la ciudad malograda , se recuerda:
“Sólo se de un peregrino, que
te decía a tus puertas. ¡Despierta, ciudad, despierta,
no sigas ese camino!”
Cuenta Fray Contardo Miglioranza, franciscano
conventual y autor de más de cuarenta libros con su “San
Francisco Solano, el apóstol de América”
sobre su entrega de vida de oración. Residiendo en Salta
lo atrajeron las solemnidades en honor de la Virgen María,
podría ser la del Milagro. Del atrio de la iglesia Matriz
había partido la procesión con la cual manifestó
el Padre Solano su enriquecida devoción mariana, a la
vez que echaba a volar los sones de su violín. Ahora,
al decir por Miguel Cruz (“El Bautismo de América”)
hace notar sobre el particular que la representaciones pictóricas
y los testimonios suelen personalizar a san Francisco Solano
tocando un violín para seducir a los indios a su predicación
, y cercado por ellos. Miguel Cruz supone que Tal vez lo que
ostentaba era un rabel, instrumento de tres cuerdas, también
de la familia de los violines; aunque no descarta como lo más
seguro es que recurriera a un simple arco con una cuerda de
alambre, para tocarla con un palito.
“Se encendió tanto en el amor
de Dios y de su Santísima Madre que, dejando aparte
la autoridad de prelado y custodio que era se puso a cantar
coplas en alabanza de Nuestra Señora y a bailar en
la misma forma que David”
Continúa diciendo fray Miglioranza
basando sus argumentos en testigos de la época. Una muestra
más de este “loco” –como lo llamaban
al santo- que estaba delirantemente enamorado del Señor
y de su Santa Madre.
Recorrió las ciudades evangelizando
las tribus salvajes junto a otros misioneros franciscanos. Los
pueblos sintieron el dominio de la pasión de la palabra
de Dios al escuchar en su propio idioma la predicación
del Evangelio, al decir del historiador, viendo que los misioneros
les hablaban en su mismo idioma o dialectos, sometiéndose
sin mayores resistencias a la ley de Jesucristo, tal es el caso
de los colpes, paquilingastas, sitguastas, que formaron parte
de la cultura que logró desarrollarse al margen de la
influencia inca; los andalgalás, los huachasquis, los
pomanes y los belichas, de raíz calchaquí; los
omaguacas, los atacamas (aborígenes guerreros como lo
demuestran los numerosos cráneos que se encontraron en
sus asentamientos), y los chibchas; los capayanes y los olongastas;
lules vilelas, pulares, chicoanas, diaguitas; los tonocotés;
los ocloyas, tobas y hasta matacos, entre otras.
Así aprendieron la palabra de Dios
con caridad y amor, dulcificando el corazón del indígena
y apagando sus sentimientos sanguinarios. Además, Francisco
Solano cautivó a los que en su paso por el actual territorio
argentino, fueron partícipes de numerosos actos de santidad.
De regreso a Lima para el día de
la Asunción de Nuestra Señora, mientras se dirigía
a la iglesia comentó haber visto a la Virgen con palabras
que se entremezclaban entre alabanzas, inconsolables y llorosas.
Toda la hermandad quedó deslumbrada. Su revelación
se concretó cuando se hincó delante el altar mayor
y frente a la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles
expresó:
“Esta es la Señora con quien
me comunico… Esta es la Señora con quien yo parlo
y con quien me entrego”.
“Y derramando lágrimas, dirigió
a la santa imagen palabras amorosas y tiernas”, según
narra su biógrafo fray Miglioranza.
En este último tramo
de esta exposición que tiendo, muy modestamente, referirme
a los sentimientos de piedad y devoción del pueblo de
Salta hacia la Santísima Virgen en sus diferentes advocaciones.
En primer lugar contemplemos a la criatura
excelsa como la Virgen del Milagro quien hizo sus primeras manifestaciones
sensibles en su rostro durante los terremotos de 1692. En aquellos
fatales momentos, sin que nadie haya podido dar una explicación
humanamente razonable, cambió de colores su rostro presentándolo
descolorido y demacrado. Denotaba la escultura estar frente
a una Madre sufriente parada ante los pies del Señor.
"Mudando colores
tu semblante bello
a entendió nos dio
su pena y consuelo"
En la Salta aparentemente escogida por la
Santísima Virgen también existen otras manifestaciones.
Por ejemplo, en 1745 una horda de salvajes irrumpió en
la ciudad provocando un verdadero desastre mediante la quema
de viviendas, saqueos y matanzas. A 12 kilómetros de
la ciudad calcinó una granja de propiedad de los jesuitas
donde se levantaba una capilla que ardió por un espacio
de dieciocho horas. Allí se veneraba una pequeña
imagen tallada en madera y revestida en resina que representada
a la Inmaculada Concepción. Desde aquel momento el culto
público de la imagen se lo conoce como el de la Virgen
de los Incendios por haber salido ilesa entre las llamas y las
brazas. Actualmente esta estatua que fue llevada por los jesuitas
es reverenciada en un tabernáculo de la capilla de la
Compañía de Jesús de San Bernardo de la
ciudad de Cervera, municipio español perteneciente a
la provincia de Lleida, en Cataluña.
Ahora me permitiré recordar a la
Virgen de Las Lágrimas, quien cuenta con una importante
cantidad de devotos. Se honra en la iglesia Catedral, en un
altar ubicado a escasos metros del camarín del Señor
del Milagro. Se trata de una estampa de papel de la Purísima,
pintada al óleo y reforzada con tela, siendo sus medidas
de 30 centímetros por 25. La imagen era de propiedad
“del sacerdote Juan Arisaga que la tenía para su
devoción –tal como lo comenta el prestigioso historiador
en temas religiosos monseñor Julián Toscano- en
su mesa de estudio, colgada en medio de estantes de libros.
Comprobó que la santa imagen estaba completamente humedecida
en todas las partes visibles de la cara, ojos, cuello y manos,
de donde se desprendían gotas de agua clara que rodaban
hasta la varilla terminal de la estampa”. Este prodigio
ocurrido por primera vez el 4 de agosto de 1749 se repitió
en varias oportunidades y diferentes ámbitos donde era
colocada la estampa de la Virgen de las Lágrimas, milagro
que se registraba en momentos que la población de Salta
vivía tiempos de incertidumbre por fenómenos telúricos.
Como corolario a este disertación
y tras de analizar someramente la presencia de María
a través del legado de Isabel la Católica, la
evangelización de América, Nuestra Señora
de Guadalupe y las advocaciones marianas en el norte argentino,
fijando como escenario la provincia de Salta, he de referirme
en forma especial a la Virgen de la Viña.
En los años 1630 la familia Fernández
Pedrozo –oriunda de la provincia de Extremadura-que por
su situación ventajosa fue declarada vice parroquia de
la matriz de Salta adquirió una hacienda donde entronizó
una hermosa imagen de talla de más de un metro de alto
de Nuestra Señora de la Candelaria traída de Coimbra
(Portugal), en 1633, para ser instalada en La Viña, estableciéndose
que los cultos en honor de la Virgen se cumplirían entre
el 2 al 10 de febrero.
No solo en estos día, sino también
en otros del año era frecuentado el templo por fieles
que iban a cumplir sus votos y promesas hechas a esta Santísima
Madre por los beneficios recibidos de su mano, o para implorar
lo que deseaban conseguir.
La capilla del paraje La Viña se
la consideraba como una verdadera ermita. Tan es así
que en los croquis españoles se ubicaba al lugar por
santuario como en documentos del siglo XVII.
Una de las gracias generalmente reconocida
es que durante un siglo los salvajes no habían podido
llegar al lugar, pese a que sus invasiones llegaban muy cercanas.
La Viña era considerada como un
verdadero refugio seguro e inexpugnable para los habitantes
y en muy poco tiempo se pobló atraídos por la
confianza y por el amor a la virgen de La Viña, “verdadera
torre de fortaleza para los que vivían bajo su amparo
y la invocaban con fe”.
Después de un siglo la Virgen comenzó
a tener sus vicisitudes; el predio de La Viña dejó
de estar al resguardo inmediato de sus dueños, decayendo
así el cuidado de la imagen, sus cultos, y aún
la misma capilla ofrecía alguna ruina.
A principios de 1700 la propiedad pasó
al poder de Luis de Medina y María Valero padres del
sacerdote Enrique de Medina. Dado el estado de la propiedad
y, como así, del santuario el presbítero pretendió
sacar la imagen de su capilla y “trasladarla a un lugar
más decente”.
Esta resolución causó un
verdadero escándalo entre los devotos de la Virgen tanto
de la zona como de la ciudad que tenían confianza en
Ella para no ser asaltadas por los salvajes del chaco. El procurador
general de Salta, don Manuel García Fernández,
hizo llegar las quejas en nombre de los vecinos al obispo de
la Santa Iglesia Catedral de Córdoba en la Provincia
del Tucumán, doctor Juan de Serricolea y Olea, al eclesiástico
Enrique de Medina de lo siguiente:
“…sacar la imagen de Nuestra Señoras
, que dicen de la Viña, de la capilla que se halla
colocada al presente y trasladarla a una posesión suya,
por decir tiene derecho a la propiedad ; y siendo notorio
el que ha un siglo , poco más o menos, que se halla
colocada en la capilla sita en la estancia de la Viña,
poblada a la parte de la frontera del enemigo; y el que en
este discurso ha obrado repetidas maravillas en defensa y
amparo de esta ciudad, librándola de la invasión
de los infieles mocovíes, que por aquella parte han
intentado entrar, no habiendo podido pasar adelante ni menos
ejecutar en dicha estancia los ordinarios estragos que se
experimentan en otras donde han acometido, felicidad que se
atribuye a la existencia y protección de esta milagrosa
imagen , que contiene la osadía y crueldad de dichos
bárbaros…”
El obispo que se encontraba casualmente
en Salta accedió al traslado. Al poco tiempo el presbítero
Medina enfermó gravemente hasta morir desgracia que se
le atribuyó:
“a un castigo manifiesto de la Virgen,
cuya creencia participó hasta el mismo Vicario que
antes había informado favorablemente y consentido en
la traslación”.
La señora Valero afectada por las
quejas y críticas por parte de los devotos de la Virtuosa
Madre de Dios la reubicó en la antigua capilla pero con
cierto decaimiento del culto y en un destruido templo. Nuevamente
se pensó en la construcción de una capilla en
el fuerte de Cobos y otros mantenían la idea de reedificarla
en el mismo lugar de origen.
A partir de 1735 hubo como un desencuentro
entre los vecinos y hasta desavenencias de los gobernadores
que provocaron el abandono de las fronteras, y se presentía
una devastadora invasión de los salvajes, provocando
irreparables consecuencias. Esta premonición se concretó
en el amanecer del 10 de setiembre favorecidas por las condiciones
naturales adversas para los vecinos y la belicosidad de las
tribus indígenas mocovíes que arrasaron los fuertes
de Balbuena, Cobos y San José.
Todo el poblado quedó destruido,
incendiado y desolado. Hasta el santuario de la Virgen de La
Viña había sido arrasado por el fuego por espacio
de un tiempo prolongado. En medio de las llamas aparecía
estática una mujer con su hijo en brazos. Esta actitud
provocó ensañamiento por parte de uno de los indios.
Con la saeta encendida y certera puntería le clavó
el dardo en la frente sobre el ojo izquierdo y al no caer el
blanco arrojó un nuevo flechazo que se incrustó
sobre la mejilla derecha. Según testimonios que se guardan
de las heridas vertía sangre.
Pero como la mujer, quien tenía
un Niño aferrado a sus brazos, no caía se aferró
de sus vestiduras para desplomarla al suelo y aquí pretendió
decapitarla, cosa que, por supuesto, no pudo hacerlo. Como seguía
sangrando el indio por temor abandonó la escena situación
que la aprovechó una aborigen quien se apoderó
del Niño Dios. Lo cuidó en su inmunda toldería
por espacio de ocho años como si fuera su hijo. Hasta
los aborígenes con el correr del tiempo fueron adorándolo
e idolatrándolo. Los españoles, mestizos y nativos
volcaron todas sus fuerzas para rescatar al Niño Cautivo,
pagando grandes recompensas, hasta que un día la madre
india adoptiva resolvió devolver la imagen convirtiéndose
al cristianismo.
La Virgen de La Viña luego de su
profanación fue conducida a Salta donde fue depositada
en un vetusto galpón que con el esfuerzo de los vecinos
se convirtió en una bella iglesia declarada hoy monumento
nacional. En 1873 se formó la primera comisión
pro templo que trabajó denodadamente con el apoyo de
la feligresía que acarreaba piedras desde el cerro San
Bernardo o de la playa de un río adyacente; donando jornales
y prestando animales para carga. Llegó el momento que
el presupuesto para la construcción se había agotado.
No había que paralizar la obra y a lomo de mula se recorrió
pueblo por pueblo, aldea por aldea hasta llegar al Alto Perú
(hoy Bolivia). Como era imposible llevar la Virgen de Nuestra
Señora de la Candelaria a lomo de mula y artista Tomás
Cabrera resolvió tallar una imagen similar adaptada para
cabalgar. A partir de allí también se profesa
devoción a “la Sentadita”. |