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Andrés Mendieta

En el siglo XVIII
una invasión de aborígenes quiso “matar” una
imagen y se llevaron cautivo al Niño [1]

Por Andrés Mendieta*

En esta trigésima cuarta reunión de hispanistas argentinos y extranjeros convocada en esta ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca -territorio que fue teatro de sangrientas luchas entre aborígenes y españoles donde se erigieron y se destruyeron poblaciones en actos de pillajes por parte de quienes se sentían avasallados- considero nada mejor en estas jornadas identificadas con el lema: “EL CULTO MARIANO EN AMÉRICA”, se encuentren nuestras tareas bajo la amparo de Nuestra Señora del Valle, conocida también con amor popular como “La Morenita”, la santa patrona de esta bendita tierra.

                          ¡Honrando a María estamos alabando a Dios!

Pretendo en esta circunstancia encarar fehacientemente la temática establecida por la entidad organizadora de este evento, el Instituto de Cultura Hispánica de Catamarca: El Culto Mariano en América, abordaré el tema: “En el siglo VIII una invasión de aborígenes quiso “matar” a una imagen de la Virgen y se llevaron cautivo al Niño”, narrando una historia amplia y bella. En la advocación de la Santísima Virgen, surgen mitos, leyendas y hechos reales, donde todo se mezcla en un ensueño que movió a mucha gente durante siglos, desde las épocas más remotas hasta el encanto del Renacimiento.


No distraeré la atención de ustedes con sucesorios episodios históricos para ajustarme estrictamente a hacer fulgurar el nombre de María, a través de hechos que surgieron con el legado de Isabel la Católica que permitieron, por medio de numerosas manifestaciones, irradiar en el Nuevo Mundo la presencia de la Virgen Inmaculada con la colonización y evangelización. La advocación que no es una leyenda fabricada por el espíritu humano, es la necesidad de encontrarse con Dios a través de su Santísima Madre.
              La presencia de María en este continente se inicia con España, a partir del Descubrimiento que le da vida histórica a América. Al decir por Antonio Caponetto (“Hispanidad y Leyendas Negras”):

“si pudo hacerlo fue por que esa España Descubridora encarnaba en aquel momento la perfección de la Hispanidad, que es decir la entereza de la Cristiandad. No es la España decadente que sobrevendrá con las dinastías borbónicas: la que reemplaza el sentimiento misional por el empresarial, la construcción de reinos por el de las factorías, las gestas de capitanes y de santos por las requisas del visitador real y el poder entendido como delegación divina por el despotismo ilustrado. Es la España de una Idea Imperial”.

Por su parte, el Papa Juan Pablo II, durante una visita efectuada a España, más allá de deslizar por lo menos alguna recriminación o reproche sobre la epopeya americana, se expresó así:

“Vengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la época apostólica. En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo, que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la Fe por el afán misioneros de los siete apostólicos, que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo, que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago, que vivió la empresa de la Reconquista, que descubrió y evangelizó América, que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento. Vengo atraído por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escritas en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortaleciendo su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. ¡Gracias España, gracias Iglesia en España por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!”.

Juan Pablo II, es el mismo Sumo Pontífice que dijo en México, en 1979, refiriéndose a la misión evangelizadora de España que no sólo la enalteció sino también destacó la heroicidad de

“aquellos religiosos que vinieron a defender la dignidad de los indígenas, a proclamar sus derechos inviolables y a favorecer su promoción integral”.

Cuando se habla de la España misionera hay a las espaldas un nombre que no puede omitirse. El mismo corresponde a Isabel la Católica, de cuya muerte se cumplirá el quinto centenario el 26 de noviembre venidero.

Esta reina desde su más tierna infancia ensayó las virtudes cristianas y la oración. Procedía siempre meditando en la doctrina de Dios, piedades que fue ostentando en el transcurso de su vida testificando su compromiso con sus pasiones espirituales, piadosas…Se entregó a ellos en cuerpo y alma, y siempre se desenvolvió bajo el dictado de su conciencia. Despreció la esclavitud y ambicionó que en las tierras descubiertas lo elemental que se debía hacer era evangelizarlas, enviando frailes y misioneros para pregonar la fe católica por todo el mundo. Fue una precursora de los derechos humanos, de los que tanto hoy se habla.

A raíz de algunas actitudes por parte de Cristóbal Colón y de quienes lo acompañaban hacia los indios que se encontraban en Antillas comisionó a Francisco de Bobadilla que los libertara, y éste a su vez, separó a Colón y lo envió a España en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de aquí la política adoptada fue bien clara: los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona y deben ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas.
             Quienes consideren este cuadro como demasiado idílico, les convendría leer el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así:

“Concedidas nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el Príncipe, que así lo hagan y cumplan y que sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen”

Se trata de un documento sorprendente que no tiene similitud en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan injustamente difamada como la que se proyecta hacia Isabel la Católica, en estos momentos que se abrió en el Vaticano la Causa de Beatificación.

El mandato se debía cumplir con la conquista, poblamiento, colonización y, la evangelización en América. Con respecto a la conquista ella dio pié a una llamada “leyenda negra”. La conquista fue un hecho humano y como tal se dieron todas las características de las situaciones protagonizadas por hombres. En esa hazaña echa por esta razón se registraron abusos, ferocidades y malos tratos; pero también significativas expresiones de caridad, grandeza, magnanimidad y abnegaciones que egoístamente y políticamente son ignorados.

Por lo señalado no existen dudas que fueron la corona de España e Isabel la Católica los principales artífices tras la conversión de los naturales y de la difusión de la fe porque ella lleva honrar al Hijo de Dios sin apartarnos de la gloria de María.

arriba   

La primera manifestación del Culto Mariano en América, reconocido por la Iglesia católica bajo el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe -patrona de México y de América Latina- cuando la Virgen María, Madre de Dios, se le apareció al indígena Juan Diego, hoy Santo- , junto al cerrito del Tepeyac a poca distancia de la ciudad de México (Tenochtitlán) el 8 diciembre de 1531. La Santa Figura le habló a Diego en náhuatl, la lengua de los aztecas, expresándole su deseo de que en aquel lugar se edificara un templo donde se la pudiera adorar, manifestación que se la hizo conocer al obispo Juan de Zumárraga o.f.m. quien dudó de esas palabras. El prelado le pidió una prueba que demostrara la veracidad del milagro. Cuenta la historia que días después la Virgen se presentó a Diego, requiriéndole que llevara al obispo unas flores. En ese tiempo las flores escaseaban pero el privilegiado nativo las recogió de la colina de Tepeyac, donde sólo crecían zarzales y cactus.¡Allí había hermosísimas rosas en abundancia!, ésta había de ser la señal que Juan Diego llevaría al obispo. Después de dos horas de espera puso los pimpollos ante el obispo Zumárraga. Tremenda sorpresa para el prelado cuando las flores quedaron impresas con el dibujo de la imagen de la Virgen en su manta de algodón, tejida de toscos hilos provenientes de una planta muy trabajada por los indios de México.
A pedido de la Santísima Virgen María se edificó una ermita en el cerro Tepeyac donde comenzó a ser venerada convirtiéndose este episodio como el primer encuentro visible de María con los indios.
               Comprobado y reconocido el milagro por la Iglesia católica, la Virgen de Guadalupe fue sucesivamente proclamada patrona de la ciudad de México (1737), coronada como reina de México (1895), declarada celestial patrona de América Latina por el Papa san Pío X (1910) y citada por Pío XII como “emperatriz de las Américas”(1945).

Para mayor valor del tema escogido estimo que debo proseguir mi exposición haciendo referencia al apóstol Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Jesucristo, hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de san Juan Evangelista. Junto a san Pedro y san Juan, Santiago tuvo el privilegio de contemplar la transfiguración y la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.

A Santiago, el hijo de Zebedeo, poco antes de su muerte, se le apareció la Virgen María. Decapitado en los tiempos de Herodes Agripa I, rey de Judea, hacia el año 44, se convirtió en el primero de los doce apóstoles en ser martirizado (He. 12,1-2).

¿Por qué mencionarlo en este pasaje a este santo protector de España? Santiago Apóstol fue una demostración más de María en América y precisamente en Salta. El 16 de abril de 1582 fue escogido patrono de Salta, junto a san Felipe, desde aquel mismo momento en que fundaba la ciudad el Licenciado Hernando de Lerma. En el acta fundacional de Salta puede leerse:

“día lunes de Pascua de Resurrección del año 1582 (16 de abril) cuando “El dicho Señor Gobernador (Hernando de Lerma), mandó hacer y se hizo un hoyo, donde cerca de el estaba un palo puesto y dijo: Que en nombre de la Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, e de la gloriosa Virgen, su bendita Madre, e del Apóstol Santiago, luz y espejo de España y en nombre de su Majestad Señor Rey Felipe Segundo, como su Gobernador y Capitán General Justicia Mayor de estas Provincias del Tucumán y sus dependencias, como leal creado y vasallo suyo, y en virtud de sus Reales poderes e instrucciones, mandaba y mandó poner y se puso el dicho palo, por picota, en dicho hoyo… y que de hoy en adelante para siempre jamás se nombre y llame esta dicha ciudad. Ciudad de Lerma en el Valle de Salta…”

Otra evidencia donde se pone a María como abogada e intercesora de un pueblo de Dios.

Con la fuerza de la Cruz y la luz de Cristo y Maria en América se prosiguió escribiendo páginas vinculadas al culto mariano. A San Francisco Solano –hombre de profunda piedad- le corresponde ahora ocupar la atención de ustedes por haber sido un vehículo importante en la difusión de la advocación a la Madre de Dios en lo que hace al actual territorio argentino.
              Llegó a estas tierras procedentes del Perú; provisto por su fama de santidad recorrió su humanitaria hazaña en las actuales provincias argentina de San Miguel de Tucumán, San Felipe de Salta, San Salvador de Jujuy, Santiago del Estero, San Fernando del Valle de Catamarca, Córdoba de la Nueva Andalucía, y Todos los Santos de la Nueva Rioja. En Nuestra Señora de Esteco, hacía rígidas penitencias para suplicar piedad por los perversiones de ese poblado. A este suceso, y al virtuoso, se menciona una copla popular lugareño, transmitido hasta nuestros días, donde, condenando a la ciudad malograda , se recuerda:

“Sólo se de un peregrino, que te decía a tus puertas. ¡Despierta, ciudad, despierta, no sigas ese camino!”

Cuenta Fray Contardo Miglioranza, franciscano conventual y autor de más de cuarenta libros con su “San Francisco Solano, el apóstol de América” sobre su entrega de vida de oración. Residiendo en Salta lo atrajeron las solemnidades en honor de la Virgen María, podría ser la del Milagro. Del atrio de la iglesia Matriz había partido la procesión con la cual manifestó el Padre Solano su enriquecida devoción mariana, a la vez que echaba a volar los sones de su violín. Ahora, al decir por Miguel Cruz (“El Bautismo de América”) hace notar sobre el particular que la representaciones pictóricas y los testimonios suelen personalizar a san Francisco Solano tocando un violín para seducir a los indios a su predicación , y cercado por ellos. Miguel Cruz supone que Tal vez lo que ostentaba era un rabel, instrumento de tres cuerdas, también de la familia de los violines; aunque no descarta como lo más seguro es que recurriera a un simple arco con una cuerda de alambre, para tocarla con un palito.

“Se encendió tanto en el amor de Dios y de su Santísima Madre que, dejando aparte la autoridad de prelado y custodio que era se puso a cantar coplas en alabanza de Nuestra Señora y a bailar en la misma forma que David”

Continúa diciendo fray Miglioranza basando sus argumentos en testigos de la época. Una muestra más de este “loco” –como lo llamaban al santo- que estaba delirantemente enamorado del Señor y de su Santa Madre.

Recorrió las ciudades evangelizando las tribus salvajes junto a otros misioneros franciscanos. Los pueblos sintieron el dominio de la pasión de la palabra de Dios al escuchar en su propio idioma la predicación del Evangelio, al decir del historiador, viendo que los misioneros les hablaban en su mismo idioma o dialectos, sometiéndose sin mayores resistencias a la ley de Jesucristo, tal es el caso de los colpes, paquilingastas, sitguastas, que formaron parte de la cultura que logró desarrollarse al margen de la influencia inca; los andalgalás, los huachasquis, los pomanes y los belichas, de raíz calchaquí; los omaguacas, los atacamas (aborígenes guerreros como lo demuestran los numerosos cráneos que se encontraron en sus asentamientos), y los chibchas; los capayanes y los olongastas; lules vilelas, pulares, chicoanas, diaguitas; los tonocotés; los ocloyas, tobas y hasta matacos, entre otras.

Así aprendieron la palabra de Dios con caridad y amor, dulcificando el corazón del indígena y apagando sus sentimientos sanguinarios. Además, Francisco Solano cautivó a los que en su paso por el actual territorio argentino, fueron partícipes de numerosos actos de santidad.

De regreso a Lima para el día de la Asunción de Nuestra Señora, mientras se dirigía a la iglesia comentó haber visto a la Virgen con palabras que se entremezclaban entre alabanzas, inconsolables y llorosas. Toda la hermandad quedó deslumbrada. Su revelación se concretó cuando se hincó delante el altar mayor y frente a la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles expresó:

“Esta es la Señora con quien me comunico… Esta es la Señora con quien yo parlo y con quien me entrego”.

“Y derramando lágrimas, dirigió a la santa imagen palabras amorosas y tiernas”, según narra su biógrafo fray Miglioranza.

arriba   

En este último tramo de esta exposición que tiendo, muy modestamente, referirme a los sentimientos de piedad y devoción del pueblo de Salta hacia la Santísima Virgen en sus diferentes advocaciones.

En primer lugar contemplemos a la criatura excelsa como la Virgen del Milagro quien hizo sus primeras manifestaciones sensibles en su rostro durante los terremotos de 1692. En aquellos fatales momentos, sin que nadie haya podido dar una explicación humanamente razonable, cambió de colores su rostro presentándolo descolorido y demacrado. Denotaba la escultura estar frente a una Madre sufriente parada ante los pies del Señor.

"Mudando colores

tu semblante bello

a entendió nos dio

su pena y consuelo"

En la Salta aparentemente escogida por la Santísima Virgen también existen otras manifestaciones. Por ejemplo, en 1745 una horda de salvajes irrumpió en la ciudad provocando un verdadero desastre mediante la quema de viviendas, saqueos y matanzas. A 12 kilómetros de la ciudad calcinó una granja de propiedad de los jesuitas donde se levantaba una capilla que ardió por un espacio de dieciocho horas. Allí se veneraba una pequeña imagen tallada en madera y revestida en resina que representada a la Inmaculada Concepción. Desde aquel momento el culto público de la imagen se lo conoce como el de la Virgen de los Incendios por haber salido ilesa entre las llamas y las brazas. Actualmente esta estatua que fue llevada por los jesuitas es reverenciada en un tabernáculo de la capilla de la Compañía de Jesús de San Bernardo de la ciudad de Cervera, municipio español perteneciente a la provincia de Lleida, en Cataluña.

Ahora me permitiré recordar a la Virgen de Las Lágrimas, quien cuenta con una importante cantidad de devotos. Se honra en la iglesia Catedral, en un altar ubicado a escasos metros del camarín del Señor del Milagro. Se trata de una estampa de papel de la Purísima, pintada al óleo y reforzada con tela, siendo sus medidas de 30 centímetros por 25. La imagen era de propiedad “del sacerdote Juan Arisaga que la tenía para su devoción –tal como lo comenta el prestigioso historiador en temas religiosos monseñor Julián Toscano- en su mesa de estudio, colgada en medio de estantes de libros. Comprobó que la santa imagen estaba completamente humedecida en todas las partes visibles de la cara, ojos, cuello y manos, de donde se desprendían gotas de agua clara que rodaban hasta la varilla terminal de la estampa”. Este prodigio ocurrido por primera vez el 4 de agosto de 1749 se repitió en varias oportunidades y diferentes ámbitos donde era colocada la estampa de la Virgen de las Lágrimas, milagro que se registraba en momentos que la población de Salta vivía tiempos de incertidumbre por fenómenos telúricos.


Como corolario a este disertación y tras de analizar someramente la presencia de María a través del legado de Isabel la Católica, la evangelización de América, Nuestra Señora de Guadalupe y las advocaciones marianas en el norte argentino, fijando como escenario la provincia de Salta, he de referirme en forma especial a la Virgen de la Viña.

En los años 1630 la familia Fernández Pedrozo –oriunda de la provincia de Extremadura-que por su situación ventajosa fue declarada vice parroquia de la matriz de Salta adquirió una hacienda donde entronizó una hermosa imagen de talla de más de un metro de alto de Nuestra Señora de la Candelaria traída de Coimbra (Portugal), en 1633, para ser instalada en La Viña, estableciéndose que los cultos en honor de la Virgen se cumplirían entre el 2 al 10 de febrero.

No solo en estos día, sino también en otros del año era frecuentado el templo por fieles que iban a cumplir sus votos y promesas hechas a esta Santísima Madre por los beneficios recibidos de su mano, o para implorar lo que deseaban conseguir.

La capilla del paraje La Viña se la consideraba como una verdadera ermita. Tan es así que en los croquis españoles se ubicaba al lugar por santuario como en documentos del siglo XVII.

Una de las gracias generalmente reconocida es que durante un siglo los salvajes no habían podido llegar al lugar, pese a que sus invasiones llegaban muy cercanas.

La Viña era considerada como un verdadero refugio seguro e inexpugnable para los habitantes y en muy poco tiempo se pobló atraídos por la confianza y por el amor a la virgen de La Viña, “verdadera torre de fortaleza para los que vivían bajo su amparo y la invocaban con fe”.

Después de un siglo la Virgen comenzó a tener sus vicisitudes; el predio de La Viña dejó de estar al resguardo inmediato de sus dueños, decayendo así el cuidado de la imagen, sus cultos, y aún la misma capilla ofrecía alguna ruina.

A principios de 1700 la propiedad pasó al poder de Luis de Medina y María Valero padres del sacerdote Enrique de Medina. Dado el estado de la propiedad y, como así, del santuario el presbítero pretendió sacar la imagen de su capilla y “trasladarla a un lugar más decente”.

Esta resolución causó un verdadero escándalo entre los devotos de la Virgen tanto de la zona como de la ciudad que tenían confianza en Ella para no ser asaltadas por los salvajes del chaco. El procurador general de Salta, don Manuel García Fernández, hizo llegar las quejas en nombre de los vecinos al obispo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba en la Provincia del Tucumán, doctor Juan de Serricolea y Olea, al eclesiástico Enrique de Medina de lo siguiente:

“…sacar la imagen de Nuestra Señoras , que dicen de la Viña, de la capilla que se halla colocada al presente y trasladarla a una posesión suya, por decir tiene derecho a la propiedad ; y siendo notorio el que ha un siglo , poco más o menos, que se halla colocada en la capilla sita en la estancia de la Viña, poblada a la parte de la frontera del enemigo; y el que en este discurso ha obrado repetidas maravillas en defensa y amparo de esta ciudad, librándola de la invasión de los infieles mocovíes, que por aquella parte han intentado entrar, no habiendo podido pasar adelante ni menos ejecutar en dicha estancia los ordinarios estragos que se experimentan en otras donde han acometido, felicidad que se atribuye a la existencia y protección de esta milagrosa imagen , que contiene la osadía y crueldad de dichos bárbaros…”

El obispo que se encontraba casualmente en Salta accedió al traslado. Al poco tiempo el presbítero Medina enfermó gravemente hasta morir desgracia que se le atribuyó:

“a un castigo manifiesto de la Virgen, cuya creencia participó hasta el mismo Vicario que antes había informado favorablemente y consentido en la traslación”.

La señora Valero afectada por las quejas y críticas por parte de los devotos de la Virtuosa Madre de Dios la reubicó en la antigua capilla pero con cierto decaimiento del culto y en un destruido templo. Nuevamente se pensó en la construcción de una capilla en el fuerte de Cobos y otros mantenían la idea de reedificarla en el mismo lugar de origen.

A partir de 1735 hubo como un desencuentro entre los vecinos y hasta desavenencias de los gobernadores que provocaron el abandono de las fronteras, y se presentía una devastadora invasión de los salvajes, provocando irreparables consecuencias. Esta premonición se concretó en el amanecer del 10 de setiembre favorecidas por las condiciones naturales adversas para los vecinos y la belicosidad de las tribus indígenas mocovíes que arrasaron los fuertes de Balbuena, Cobos y San José.

Todo el poblado quedó destruido, incendiado y desolado. Hasta el santuario de la Virgen de La Viña había sido arrasado por el fuego por espacio de un tiempo prolongado. En medio de las llamas aparecía estática una mujer con su hijo en brazos. Esta actitud provocó ensañamiento por parte de uno de los indios. Con la saeta encendida y certera puntería le clavó el dardo en la frente sobre el ojo izquierdo y al no caer el blanco arrojó un nuevo flechazo que se incrustó sobre la mejilla derecha. Según testimonios que se guardan de las heridas vertía sangre.

Pero como la mujer, quien tenía un Niño aferrado a sus brazos, no caía se aferró de sus vestiduras para desplomarla al suelo y aquí pretendió decapitarla, cosa que, por supuesto, no pudo hacerlo. Como seguía sangrando el indio por temor abandonó la escena situación que la aprovechó una aborigen quien se apoderó del Niño Dios. Lo cuidó en su inmunda toldería por espacio de ocho años como si fuera su hijo. Hasta los aborígenes con el correr del tiempo fueron adorándolo e idolatrándolo. Los españoles, mestizos y nativos volcaron todas sus fuerzas para rescatar al Niño Cautivo, pagando grandes recompensas, hasta que un día la madre india adoptiva resolvió devolver la imagen convirtiéndose al cristianismo.

La Virgen de La Viña luego de su profanación fue conducida a Salta donde fue depositada en un vetusto galpón que con el esfuerzo de los vecinos se convirtió en una bella iglesia declarada hoy monumento nacional. En 1873 se formó la primera comisión pro templo que trabajó denodadamente con el apoyo de la feligresía que acarreaba piedras desde el cerro San Bernardo o de la playa de un río adyacente; donando jornales y prestando animales para carga. Llegó el momento que el presupuesto para la construcción se había agotado. No había que paralizar la obra y a lomo de mula se recorrió pueblo por pueblo, aldea por aldea hasta llegar al Alto Perú (hoy Bolivia). Como era imposible llevar la Virgen de Nuestra Señora de la Candelaria a lomo de mula y artista Tomás Cabrera resolvió tallar una imagen similar adaptada para cabalgar. A partir de allí también se profesa devoción a “la Sentadita”.

 

*Andrés Mendieta (periodista e historiador). Este es el texto de su disertación en la XXXIV Reunión Anual de Presidentes de Institutos de Cultura Hispánica de la Argentina y países vecinos, organizado por el Instituto de Cultura Hispánica de Catamarca, que preside la historiadora Juana Collado de Sastre, el 13 de agosto de 2004 en San Fernando del Valle de Catamarca, Argentina.
Nueva dirección: andresmendieta@datafull.com
Telf.: +54 (387) 436 1412
Aldo Saravia 1363
Bº Los Pinos - Grand Bourg
4400 - Salta (República Argentina)

[1] - Ponencia presentada en el XXXIV Encuentro de Institutos de Cultura Hispánica de Argentina y Países Vecinos, realizado en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca durante los días 12, 13 y 14 de agosto de 2004, Tema central: “El culto mariano en América”.
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