Sobre una mesa luce un candelabro
confeccionado con once herraduras y cuatro portavelas. El mariscal
lo hacia encender a los que recién conocía, por
cuanto creía en la prueba de energía. Si la llama
era alta, el huésped tenía energía positiva.
Por el contrario, si la llama era tenue, señalaba a una
persona energéticamente pobre.
También se exhibe un cofre de cuero,
de propiedad de la Marquesa. Tiene en su tapa una estrella de
cinco puntas. Ella decía que había tres estrellas
similares en la casa y que quien las descubriera tendría
buena suerte. La segunda, está en el enrejado de la ventana
y la otra, en la entrada de la casona.
En este Archivo se puede ver la fotografía
del cráneo del prócer, con una perforación
en el parietal derecho. Empero, la historia cuenta que murió
de un balazo en el corazón. Anteriormente, en una batalla,
había sido herido en el brazo izquierdo.
En el pasillo que lleva hacia las otras dependencias
internas, se reproducen estos
versos de Bolivar:
“La bala cruel que te hiri” el corazón
Mató a Colombia y me quitó la vida.
Como soldado, fuiste la victoria;
Como ciudadano, el patriotismo;
Como vencedor, la clemencia y
Como amigo, la lealtad.
Para tu gloria lo tienes todo ya;
Lo que te falta, solo a Dios
Le corresponde darlo.
Niños que lloran
La única dependencia de la casa que no ha sido restaurada,
es el baño, enfrentado con la cocina, pasillo de por
medio. El propósito era llevar agua caliente para llenar
la tina o bañera, como le llaman hoy. Hay personas que
dicen haber oído allí el llanto o gritos de niños.
Unos turistas brasileños creyeron que los había
provocado el guía que no estaba a la vista y el guía
creyó que los habían producido los visitantes.
Al pasar por frente a la puerta, se me erizó
la piel y cuando avanzaba hacia la segunda cocina del personal
—de menor tamaño que la anterior— inexplicablemente,
pues no había ninguna fuerte corriente de aire, se cerró
violentamente una hoja de la ventana del baño. Como me
enseñaron cuando era chico, recé un Padre Nuestro.
Desde allí se accede al una fracción
de lo que fuera el sótano original de la casona, con
un carruaje, arneses y sillas de montar de la época.
Detrás de un enorme farol, se advierten los accesos sellados
a los tres túneles que llevaban a las otras dependencias
de la residencia, que ocupaba casi toda la manzana, luciendo
17 balcones.
Uno se queda con ganas de conocer mucho más
de cerca la vida de este exitoso militar y talentoso civil que
fuera Antonio José de Sucre y de su paso por este mundo.
La Iglesia delSagrario y la Catedral
Asistí a la misa del mediodía en la Iglesia del
Sagrario, diseñada y construida por José Jaime
Ortiz desde 1694 a 1715.
A continuación, frente a la Plaza de
la Independencia, la Catedral, cuya construcción se inició
en 1545 y fue reformada en los siglos XVII, XVIII y XX. Tiene
a su izquierda el Palacio de Gobierno y en su interior, en una
capilla a la derecha del altar mayor, en un sarcófago
de piedra, los restos del Mariscal Sucre. En distintos sectores,
se hallan las sepulturas de prominentes personalidades de la
historia ecuatoriana y de los príncipes de su credo.
Detrás del altar mayor, pasando la Sala
de las Casullas, ingresando a la izquierda, se accede a la Sala
Capitular, presidida por un gran cuadro de la Inmaculada realizada
por el hermano Pedro Vargas, discípulo del gran maestro
italiano hermano Bernardo Bitti. Allí, a continuación,
de cuerpo entero, los retratos de todas las autoridades eclesiásticas
del Ecuador hasta el siglo XX. Hay espacios reservados para
los de este siglo.
En verdad, me impresionó la historia
de monseñor José Ignacio Checa y Barba, quien
habiendo consagrado el vino de la misa, se lo bebió a
pesar de la advertencia de su ayudante, quien le dijo que estaba
envenenado. Concluyó la misa ya los dos días pereció.
Era el 30 de marzo de 1877.
El templo tiene una rica y variada colección
de arte. Hay imágenes sevillanas del siglo XVII, pinturas
y esculturas de la Escuela de Quito, del autóctono Miguel
de Santiago, del prolífico Padre Carlos, del escultor
nativo Manuel Chili, más conocido por su apelativo quechua
"Caspicara" o sea "Cara de Madera"
y de los pintores Manuel Samaniego y Bernardo Rodriguez de la
Parra y Jaramillo. De este último, destaco la "Adoraciòn
de los Reyes Magos". A ellos hay que sumar las imágenes
realizadas anónimamente por los artistas de la famosa
escuela quiteña, quienes, por no tener nombres cristianos,
no podían firmar sus realizaciones.
San Francisco, leyenda y realidad, fragua de
la fe
Pasé por el Convento de la Merced, cuya iglesia pertenece
a la Compañía de Jesús. Su construcción
la realizaron los religiosos Francisco Ayerdiy Guevara en el
siglo XV. La fachada se concluyó en el siglo XVIII.
Calle arriba, encontré la espaciosa Plaza
de San Francisco, donde se hallan, sobre un gran mogote, la
Iglesia de San Francisco, las capillas de Buenaventura, la consagrada
por el indio Francisco Cantuña a la Virgen de las Dolores,
y el convento, hoy convertido en Museo.
La leyenda cuenta que Cantuña era hijo
de íntimo amigo del Inca Atahualpa —el último
de la dinastía, nacido en Ecuador--, tan íntimo,
que este le había confiado el lugar donde había
escondido parte de sus tesoros. Cuando los conquistadores lo
matan, tomaron prisionero a Cantuñapadre para que les
revelara el escondite secreto. Como no lo hizo, antes de asesinarlo,
quemaron su casa, creyendo que en el incendio había perecido
su único hijo. Pero no fue así. Un rico comerciante
español lo rescató de las llamas, secretamente,
lo educó y le puso un nombre cristiano, conservando el
apellido de su progenitor.
Creció Francisco y se dedicó
a la construcciòn. Cuando su protector quebró,
Cantuña, recurrió a una parte del tesoro y así
le facilitó que continuara su vida sin aprietos.
Los franciscanos le encargaron la ereccción
del atrio para la Iglesia, la capilla de Buenaventura y el convento.
Como demoraba, le dieron un plazo perentorio: 24 horas. La leyenda
afirma que Cantuña, desesperado, hizo un pacto con el
demonio: le entregaría su alma si lo concluía
en una noche en forma completa. En un acto de picardía,
escondió una piedra fundamental para la edificación
encomendada. Cuando el diablo le entregó la obra, Cantuña
le hizo notar que en el costado derecho hay seis bocas de desague
y en el otro, siete. Y como venía el alba y la piedra
no aparecía, la obra no estaba completa, Cantuña
se salvó de las garras del demonio. En agradecimiento,
el constructor levantó el templo consagrado a la Virgen
de los Dolores.
El conjunto arquitectónico ocupa 34.000
metros cuadrados, que incluye el convento-museo, el templo,
las capillas, la escuela y las catacumbas, donde yacen los miembros
de la orden y sus familiares desde su fundación hasta
gran parte del siglo XX.
El sincretismo del arte quiteño
El Museo de San Francisco constituye un hermoso muestrario de
las distintas etapas de la Escuela Quiteña y de sus grandes
maestros, nativos, quienes, insisto, debieron, adoptar nombres
españoles para poder estampar sus firmas al pie de sus
trabajos.
Las obras anónimas son tan hermosas
como las firmadas. Son bellísimos ejemplos del sincretismo:
colocaron elementos del culto incaico mezclados sutilmente con
los de la religión cristiana.
El escultor Manuel Chili, llamado como dije
antes, Caspicara, tenía el cuerpo cuadrado y el dedo
gordo del pie derecho alzado, es decir a desnivel de los demás
dedos, deformidad que le venía de nacimiento, Su escultura
llamada "El Cristo Agonizante" tiene la forma de su
cuerpo y el mismo defecto del pie.
Otro ejemplo lo constituye la representación
de la cruxifición de Cristo, obra de Miguel de Santiago
(mestizo): quienes lo crucifican no son soldados romanos con
sus típicos atavíos, sino españoles.
En una hermosa pila del Siglo XVIII realizada
en alabastro sobre piedra luce el sol del incanato y sobre él,
la Virgen María.
Existe una hermosa colección de angeles
barrocos con alas del hermoso pájaro ecuatoriano conocido
como "guamacayo".
En el coro original de la Iglesia de San Francisco,
el dìa del solsticio “ es decir el 1º de junio
-, el sol penetra en el templo e ilumina totalmente la imagen
original de la Virgen de Quito, obra de Bernardo de Lagarde,
maestro de la escuela quiteña. Un ingenioso detalle original
de la arquitectura precolombina utilizada por las civilizaciones
precolombinas quechua y maya para honrar al Sol.
Procure que su guía en este periplo
sea Soraya Delgado, una bella, talentosa y cultivada quiteña,
o Juan Carlos ChavezCabrera, un gran estudioso de 19 años,
quien proviene de la Universidad Tecnològica Equinoccial.
Otro guía excelente, pero en la Casa del Mariscal Sucre:
Juan Ortiz.
El erudito Chavez Cabrera me amplió
la información acerca de una característica
de la Escuela de Quito: "El Charolado" o "Encarne
brillante". Me informòque a la vegija de la oveja,
ensalivada, la aplicaban los maestros sobre las esculturas pintadas
para quitarle las imperfecciones.
El encolado se hacía cortando los cartílagos
de los conejos y de las reses. Las hervían y la gelatina
así obtenida se aplicaba a la tela y la pegaban a la
escultura. un precioso ejemplo de esta técnica es la
Virgen del Tránsito.
Obviamente, Quito tienes muchos rincones
para mirar, admirar y recordar. Es un regalo para el alma y
el corazón. |