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ECUADOR, QUITO: LA CASA DEL MARISCAL SUCRE Y LOS TESOROS DE LA EPOCA COLONIAL       


Por Marcelo Mendieta

Quito es bella de día y de noche. Su centro histórico contiene maravillosos tesoros en su superficie pero en su subsuelo, inexplorado aún, se halla conformada por una red de túneles  - además de catacumbas- que interconectan, según afirma la tradición oral, a las casas de las principales familias del época colonial y post-colonial, con templos, conventos y vaya uno a saber con quien más.

Esa Quito misteriosa, también poblada por la fé cristiana entremezclada con la de los antiguos dioses incaicos, convive con las historias de fantasmas que se manifiestan de diferentes maneras, de día o de noche.


La muy especial residencia del Mariscal Sucre

En la intersección de Venezuela ( antigüamentedenominada calle de Solanda ) y Sucre, se conserva como Museo la casona donde vivió el Mariscal Antonio José de Sucre con su esposa, Mariana Carcelény Larrea, Marquesa de Solanda y Villarocha. Allí, después de diez meses de convivencia del matrimonio, nació en 1828 y murió en extrañas circunstancias después del asesinato de su padre en 1830, su única hija, Teresita Sucre Carcelén.

Cuando comencé a recorrer la planta baja, advertí una fuente de agua, muy bonita y particular: la base de la taza es octogonal y en el centro de ella, hay una pila con las cabezas de cuatro sapitos que echan agua por la boca hacia los cuatro puntos cardinales. Me explicaron que se construyó en ese lugar y con las figuras citadas, siguiendo expresas instrucciones epistolares del Mariscal a su mejor amigo y apoderado, general Vicente Aguirre, las que fueron respetadas por el arquitecto Andrés Peñaherrera Matheus, quien realizó la restauración del edificio en 1972.

El octógono tiene un significado simbólico en la tradición de la Iglesia primitiva: es el número de la Resurrección de Cristo. Los numerólogossostienen que el ocho representado por un octógono, simboliza la figura intermedia entre el cuadrado (orden terrestre) y el círculo (orden celeste): por lo tanto es símbolo de regeneración, del paso de lo que es contingente a lo eterno. Y en las culturas precolombina y china se dice que el sapo es signo de prosperidad. Nunca sabremos el motivo real  que inspiró a Sucre para ordenar esta bella fuente, donde algunos visitantes, como lo hacen en la Fontana de Trevi, arrojan una moneda y piden tres deseos. Los míos se han cumplido.

La planta baja de la casona estaba destinada a las caballerizas y a vivienda del personal. La sala de acceso fue refaccionada y ahora es un auditorio, para conferencias de divulgación sobre la vida y obra del prócer,  donde subsiste una pequeña porción del piso original.

A continuación se halla la Sala de Armas. Es un ambiente enorme: allí se exhiben, entre otras piezas, las charreteras del dueño de casa y del general Juan José Flores, el primer presidente del Ecuador. Las de Sucre están hechas con hilos de plata y las de Flores con hilos de oro. Un lugar privilegiado lo tiene la espada de Sucre, quien tiene una inscripción: "No me saques sin razón, no me envaines sin honor". También participa de la muestra el sable del general Eloy Alfaro (¿recuerdan la frase "¡Alfaro vive, carajo!"?) robada, recuperada y depositada en el Colegio Militar que lleva su nombre. Esta institución la donó al Museo.


El "sexo débil" sabía defenderse

Para mi gran sorpresa, vi en una vitrina las armas que usaban las damas de la época debajo de sus frondosas polleras: una pistola de seis tiros ensamblada con una daga y con una manopla.

El agresor o perdía la vida, los dientes o era herido en cualquier parte de su humanidad sin hesitación alguna. Otra, era una pistola de un sola bala, pero del tamaño de una uva, adosada a una filosa y aguda daga.

En la Sala Didáctica, croquis, cuadros y maquetas informan sobre las batallas que planteó y ganó el Mariscal en Ecuador y Perú.

barra de la escalera

Los misterios de la casona

La casona perteneció en 1714 al Dr. Sebastián Pérez de Ubilus, y luego su propietario fue don Felipe Carcelén y Sanchez de Orellana, padre de quien luego sería la esposa del Mariscal Sucre.

Antes de su matrimonio, Sucre, a la sazón presidente de Bolivia, por intermedio del general Aguirre, le compró la casa a la familia Carcelény, cuando recibió los planos, por cartas - las que consultó el arquitecto Peñaherrera Matheus - ordenó las refacciones necesarias.

Para acceder a la planta alta, hay una escalera de lajas anchas a fin de facilitar a las señoras que pudieran ascender o descender sin tropezarse debido a sus siete enaguas y la armazón de sus vestidos. El pasamanos o baranda de hierro tiene varas perpendiculares en cuya parte superior, a continuación de una gran bola de acero, se halla la diminuta cabeza de un fauno con sus correspondientes cuernos y en la parte inferior, la efigie de una bella dama. Esto se interpreta como la  clara manifestación del machismo imperante en la época.


   Detalle de una barra de la escalera: en la parte inferior, la
    dama parece tomarse del vientre

arriba

En la pared, sobre el primer descanso de la espaciosa escalinata, hay un enorme Cristo crucificado. Es obra de la Escuela de Quito. La piel de la imagen luce lustrosa gracias —según me explicaron— a una técnica que utilizaba la vejiga de cordero hervida y mezclada con saliva para untar la pintura con la cual se la había coloreado, obteniendo ese particular brillo.

En la planta alta una sala contiene ropa de la época: dos mantones de Manila de la Marquesa y un gran con sombrero de copa y un bastón de cáñamo del general Sucre con muy poco uso, pues él prefería para las reuniones sociales su uniforme militar. En la pared que enfrenta a la puerta de la galería, hay un retrato de la bella Manuela Saenz, posando su brazo  izquierdo sobre un mueble que tiene un luminoso busto de Simón Bolivar.


El novio ausente

Me impresionó el Oratorio: un altar presidido por un Cristo crucificado de la Escuela quiteña de regular tamaño. Frente, tres reclinatorios: el de la izquierda, usado por la marquesa; el del medio para el sacerdote y el de la derecha para el Mariscal Sucre. Detrás, cuatro sillas.

Las paredes están confeccionadas con cañas, cubiertas de lodo y excremento de vacunos, y pintadas de color blanco. En el recinto, hay una imagen de la Virgen de la Merced y otra del Sagrado Corazón de Jesús.

En ese oratorio se realizó la ceremonia de la boda de la marquesa con Sucre, quien se hallaba cumpliendo sus funciones de presidente de Bolivia. En el acto fue representado por su apoderado y mejor amigo, el general Vicente Aguirre.


El espejo de la verdad

Le sigue, como una unidad, una enorme sala en forma de L invertida. Ese sector está amueblado con sillas y sillones tapizados de rojo y estaba destinado a la reunión de los caballeros. Al lado del balcón hay un espejo francés  al cual el Mariscal había bautizado como "El Espejo de la Verdad" por cuanto —decía— quien se colocara delante de él, se vería tal cual es. En un descuido, me miré en él y aparecí bastante buen mozo.

Pasando el recodo de la galería, la sala se puebla de sillas y sillones de castaño oscuro: es la zona de las damas. En todo este recinto, se  conservan los cielorrasos denominados, por su forma, œtelas de araña, reforzados con columnas que protegían la construcción de los remezones de la madre tierra, tan comunes en ese entonces como ahora.

Para la Marquesa le estaba reservado un sillón espacioso para que cupiera con sus enaguas y vestido. Al Mariscal le correspondía un sillón de respaldar duro, a fin de enderezar su columna vertebral, afectada por las largas cabalgatas.


El austero dormitorio

El dormitorio es muy austero. Hay una cama de plaza y media de madera. Sobre ella, un cuadro de San Antonio con el Niño Jesús. Sobre la cómoda, se halla la jofaina. Las ventanas y los balcones son originales.

Por los que daban a los dormitorios, como era costumbre en la época en todas las ciudades coloniales, se vertían los orinales al grito de "¡Agua va, agua viene!", a fin de advertir a los viandantes para que detuvieran o apresuraran su paso. ¡Pobres sordos!

Al pie de la cama, reposa el baúl de cuero repujado que usaba Sucre para sus viajes. Al lado de la puerta, el pequeño oratorio con las imágenes de San Antonio y El Buen Pastor sobre una mesita y frente a ella, dos reclinatorios.

La pared que separa al recinto de la sala anterior, ha sido confeccionada utilizando la técnica œbahareque (un método de construcción antisísmica prehispánico y europeo) combinada con "suros", un vegetal del Pichincha. Es móvil y achicaba o ampliaba el ambiente, según los estados climáticos.

Allí justamente el corredor se extiende hacia la escalera. El sol lo inunda en la mañana y según la tradición, el Mariscal solía asolearse allí. Desde ahí, afirman, cayó al patio en circunstancias no muy claras, su hija Teresita, falleciendo instantáneamente. Como dije, abajo, se halla la fuente que él mandó construir. Esto sucedió en 1831, un año después del asesinato de su padre. Hay otras versiones que sostienen que la caída se produjo desde  un balcón a la calle.

En una sala contigua, admiré un gran cuadro central, donde aparecen acompañando a Sucre, Bolívar, los generales Aguirre, José María Cordova( llamado "El Niño Bonito", por su apostura y elegancia permanente), Juan José Flores y los oficiales de su Estado Mayor. A los costados, hay retratos de Francisco Miranda y del general Cordova. Estas obras están realizadas con la técnica de fijación óptica: los retratados siguen con su mirada al visitante, sea donde fuere que se detenga a observarlos.

Al lado de la cocina, está el Repostero: hay una sola mesa y cuatro sillas. La Marquesa tenía fama de golosa: a 3 metros de altura, hay un “soberado” “un pequeño desván” donde colocaba sus dulces y golosinas. El empleado de más confianza era quien, escalera de mano mediante, accedía a él para complacer el paladar de la regia dama.

Las velas reveladoras y el secreto de sus éxitos militares

El Archivo tiene un bargueño con cajones secretos. Decían que quienes los encargaban, mandaban a asesinar al artesano para evitar que dijera cuales eran las claves de acceso.

En una vitrina se halla el libro de cabecera que le inspiraba a Sucre para plantear sus batallas (perdió una sola en sus 35 años de vida): "Tratado de castrametación o arte de campar", un compendio de estrategias militares publicado en 1800 por el teniente coronel Vicente Ferraz Navarro en Madrid.

Al fondo, el bargueño secreto

Sobre una mesa luce un candelabro confeccionado con once herraduras y cuatro portavelas. El mariscal lo hacia encender a los que recién conocía, por cuanto creía en la prueba de energía. Si la llama era alta, el huésped tenía energía positiva. Por el contrario, si la llama era tenue, señalaba a una persona energéticamente pobre.

También se exhibe un cofre de cuero, de propiedad de la Marquesa. Tiene en su tapa una estrella de cinco puntas. Ella decía que había tres estrellas similares en la casa y que quien las descubriera tendría buena suerte. La segunda, está en el enrejado de la ventana y la otra, en la entrada de la casona.

En este Archivo se puede ver la fotografía del cráneo del prócer, con una perforación en el parietal derecho. Empero, la historia cuenta que murió de un balazo en el corazón. Anteriormente, en una batalla, había sido herido en el brazo izquierdo.

En el pasillo que lleva hacia las otras dependencias internas, se reproducen estos
versos de Bolivar:

           “La bala cruel que te hiri” el corazón
            Mató a Colombia y me quitó la vida.
            Como soldado, fuiste la victoria;
            Como ciudadano, el patriotismo;
            Como  vencedor, la clemencia y
            Como amigo, la lealtad.
            Para tu gloria lo tienes todo ya;
            Lo que te falta, solo a Dios
            Le corresponde darlo.


Niños que lloran

La única dependencia de la casa que no ha sido restaurada, es el baño, enfrentado con la cocina, pasillo de por medio. El propósito era llevar agua caliente para llenar la tina o bañera, como le llaman hoy. Hay personas que dicen haber oído allí el llanto o gritos de niños. Unos turistas brasileños creyeron que los había provocado el guía que no estaba a la vista y el guía creyó que los habían producido los visitantes.

Al pasar por frente a la puerta, se me erizó la piel y cuando avanzaba hacia la segunda cocina del personal —de menor tamaño  que la anterior— inexplicablemente, pues no había ninguna fuerte corriente de aire, se cerró violentamente una hoja de la ventana del baño. Como me enseñaron cuando era chico, recé un Padre Nuestro.

Desde allí se accede al una fracción de lo que fuera el sótano original de la casona, con un carruaje, arneses y sillas de montar de la época. Detrás de un enorme farol, se advierten los accesos sellados a los tres túneles que llevaban a las otras dependencias de la residencia, que ocupaba casi toda la manzana, luciendo 17 balcones.

Uno se queda con ganas de conocer mucho más de cerca la vida de este exitoso militar y talentoso civil que fuera Antonio José de Sucre y de su paso por este mundo.


La Iglesia delSagrario y la Catedral

Asistí a la misa del mediodía en la Iglesia del Sagrario, diseñada y construida por José Jaime Ortiz desde 1694 a 1715.

A continuación, frente a la Plaza de la Independencia, la Catedral, cuya construcción se inició en 1545 y fue reformada en los siglos XVII, XVIII y XX. Tiene a su izquierda el Palacio de Gobierno y en su interior, en una capilla a la derecha del altar mayor, en un sarcófago de piedra, los restos del Mariscal Sucre. En distintos sectores, se hallan las sepulturas de prominentes personalidades de la historia ecuatoriana y de los príncipes de su credo.

Detrás del altar mayor, pasando la Sala de las Casullas, ingresando a la izquierda, se accede a la Sala Capitular, presidida por un gran cuadro de la Inmaculada realizada por el hermano Pedro Vargas, discípulo del gran maestro italiano  hermano Bernardo Bitti. Allí, a continuación, de cuerpo entero, los retratos de todas las autoridades eclesiásticas del Ecuador hasta el siglo XX. Hay espacios reservados para los de este siglo.

En verdad, me impresionó la historia de monseñor José Ignacio Checa y Barba, quien habiendo consagrado el vino de la misa, se lo bebió a pesar de la advertencia de su ayudante, quien le dijo que estaba envenenado. Concluyó la misa ya los dos días pereció. Era el 30 de marzo de 1877.

El templo tiene una rica y variada colección de arte. Hay imágenes sevillanas del siglo XVII, pinturas y esculturas de la Escuela de Quito, del autóctono Miguel de Santiago, del prolífico Padre Carlos, del escultor nativo Manuel Chili, más conocido por su apelativo quechua "Caspicara" o sea "Cara de Madera"  y de los pintores Manuel Samaniego y Bernardo Rodriguez de la Parra y Jaramillo.  De este último, destaco la "Adoraciòn de los Reyes Magos". A ellos hay que sumar las imágenes realizadas anónimamente por los artistas de la famosa escuela quiteña, quienes, por no tener nombres cristianos, no podían firmar sus realizaciones.

San Francisco, leyenda y realidad, fragua de la fe
Pasé por el Convento de la Merced, cuya iglesia pertenece a la Compañía de Jesús. Su construcción la realizaron los religiosos Francisco Ayerdiy Guevara en el siglo XV. La fachada se concluyó en el siglo XVIII.

Calle arriba, encontré la espaciosa Plaza de San Francisco, donde se hallan, sobre un gran mogote, la Iglesia de San Francisco, las capillas de Buenaventura, la consagrada por el indio Francisco Cantuña a la Virgen de las Dolores, y el convento, hoy convertido en Museo.

La leyenda cuenta que Cantuña era hijo de íntimo amigo del Inca Atahualpa —el último de la dinastía, nacido en Ecuador--, tan íntimo, que este le había confiado el lugar donde había escondido parte de sus tesoros. Cuando los conquistadores lo matan, tomaron prisionero a Cantuñapadre para que les revelara el escondite secreto. Como no lo hizo, antes de asesinarlo, quemaron su casa, creyendo que en el incendio había perecido su único hijo. Pero no fue así. Un rico comerciante español lo rescató de las llamas, secretamente, lo educó y le puso un nombre cristiano, conservando el apellido de su progenitor.

Creció Francisco y se dedicó a la construcciòn. Cuando su protector quebró, Cantuña, recurrió a una parte del tesoro y así le facilitó que continuara su vida sin aprietos.

Los franciscanos le encargaron la ereccción del atrio para la Iglesia, la capilla de Buenaventura y el convento. Como demoraba, le dieron un plazo perentorio: 24 horas. La leyenda afirma que Cantuña, desesperado, hizo un pacto con el demonio: le entregaría su alma si lo concluía en una noche en forma completa. En un acto de picardía, escondió una piedra fundamental para la edificación encomendada. Cuando el diablo le entregó la obra, Cantuña le hizo notar que en el costado derecho hay seis bocas de desague y en el otro, siete. Y como venía el alba y la piedra no aparecía, la obra no estaba completa, Cantuña se salvó de las garras del demonio. En agradecimiento, el constructor levantó el templo consagrado a la Virgen de los Dolores.

El conjunto arquitectónico ocupa 34.000 metros cuadrados, que incluye el convento-museo, el templo, las capillas, la escuela y las catacumbas, donde yacen los miembros de la orden y sus familiares desde su fundación hasta gran parte del siglo XX.


El sincretismo del arte quiteño

El Museo de San Francisco constituye un hermoso muestrario de las distintas etapas de la Escuela Quiteña y de sus grandes maestros, nativos, quienes, insisto, debieron, adoptar nombres españoles para poder estampar sus firmas al pie de sus trabajos.

Las obras anónimas son tan hermosas como las firmadas. Son bellísimos ejemplos del sincretismo: colocaron elementos del culto incaico mezclados sutilmente con los de la religión cristiana.

El escultor Manuel Chili, llamado como dije antes, Caspicara, tenía el cuerpo cuadrado y el dedo gordo del pie derecho alzado, es decir a desnivel de los demás dedos, deformidad que le venía de nacimiento, Su escultura llamada "El Cristo Agonizante" tiene la forma de su cuerpo y el mismo defecto del pie.

Otro ejemplo lo constituye la representación de la cruxifición de Cristo, obra de Miguel de Santiago (mestizo): quienes lo crucifican no son soldados romanos con sus típicos atavíos, sino españoles.

En una hermosa pila del Siglo XVIII realizada en alabastro sobre piedra luce el sol del incanato y sobre él, la Virgen María.

Existe una hermosa colección de angeles barrocos con alas del hermoso pájaro ecuatoriano conocido como "guamacayo".

En el coro original de la Iglesia de San Francisco, el dìa del solsticio “ es decir el 1º de junio -, el sol penetra en el templo e ilumina totalmente la imagen original de la Virgen de Quito, obra de Bernardo de Lagarde, maestro de la escuela quiteña. Un ingenioso detalle original de la arquitectura precolombina utilizada por las civilizaciones precolombinas quechua y maya para honrar al Sol.

Procure que su guía en este periplo sea Soraya Delgado, una  bella, talentosa y cultivada quiteña, o Juan Carlos ChavezCabrera, un gran estudioso de 19 años, quien proviene de la Universidad Tecnològica Equinoccial. Otro guía excelente, pero en la Casa del Mariscal Sucre: Juan Ortiz.

El erudito Chavez Cabrera me amplió la información acerca de una  característica de la Escuela de Quito: "El Charolado" o "Encarne brillante". Me informòque a la vegija de la oveja, ensalivada, la aplicaban los maestros sobre las esculturas pintadas para quitarle las imperfecciones.

El encolado se hacía cortando los cartílagos de los conejos y de las reses. Las hervían y la gelatina así obtenida se aplicaba a la tela y la pegaban a la escultura. un precioso ejemplo de esta técnica es la Virgen del Tránsito.

Obviamente, Quito tienes muchos rincones  para mirar, admirar y recordar. Es un regalo para el alma y el corazón.

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