Abed Al Rachid, valiente musulmán que
había luchado férreamente en cientos de combates
contra tribus invasoras o el enemigo foráneo, era
una pequeña figura erradiza en ese inmenso desierto que
lo había visto pasar tantas veces triunfante.
Esta vez el ardiente Simún con su traicionera e incesante
tormenta de arena, que había amainado hacía algunas
horas, le había hecho perder el rumbo.
Atrás moría de sed su fiel valiente y brioso caballo
árabe, blanco como la espuma que brotaba
de su boca cuando galopaba nervioso sobre indescifrables médanos.
Caminaba penosamente en busca del oasis que sabía cercano,
pero sin poder precisar exactamente cual era la dirección
correcta. Y ahora sin agua, su propia sed, el calor abrasador
y el sol implacable comenzaban a ser traidores enemigos que
hacían más insoportable su travesía.
Las horas transcurrían implacablemente. En un momento
comprendió la dura realidad: estaba irremediablemente
perdido en esa inmensidad donde la reverberación tendía
una blanca y brillante sábana en la arena que ya
llegaba casi a enceguecerlo. Sus pasos eran cada vez más
lentos, casi se arrastraba ya.
Su espada, descendiente de aquellas que habían expandido
el Islam tras las guerras de Apostasía, la que en su
fuerte e implacable puño había sido el arma contundente
con que venciera a sus contrarios en encarnizadas luchas, era
ahora un débil bastón que le servía para
arrastrarse apoyándose a duras penas en ella ansiando
divisar, en la cresta del próximo médano, el esperado
oasis que calmaría su sed y su cansancio.
El sudor y la arena que se le adhería a los párpados
le lastimaban sus ojos no pudiendo ver con claridad, no obstante,
arrastrándose cada vez con más dificultad alcanzaba
nuevos traicioneros médanos; en cada una de ellos
se repetía, se ordenaba a sí mismo cada vez con
menos esperanza:... « ¡vamos... hay que continuar...
allí adelante está nuestro oasis ...fuerza ...no
abandonemos ahora...!»
II
Ya exhausto, escuchó una voz, su propia
voz que con llanto entrecortado le murmuraba débilmente:
«...¡ perdóname mi amo y señor...
he resistido durante toda esta vida las heridas que recibí
en batallas...las largas travesías por los desiertos...
los duros golpes en furiosas peleas...no me quedan fuerzas...
este, tu sufrido cuerpo ha resignado seguir viviendo...
me someto a la voluntad de Alá, estoy feliz de haberte
podido servir hasta hoy en esta vida... pero ya no puedo
acompañarte más... la muerte me llama y debo abandonarte...»
Abed escuchó con sorpresa ese gemido que mediaba entre
la vida y la muerte y en un misterioso desdoblamiento, despegados
cuerpo y alma, vio en ese ser exánime su propio cuerpo;
debió aproximar su oído hasta casi pegarlo a esos
labios que susurraban su dolor, que era su propio dolor. Comprendió
al momento ese sufrir, que era su sufrir y entonces desesperado
le respondió: «ánimo... no desfallezcas....te
suplico... te imploro que aguardes... yo te salvaré...».
Precipitadamente se aferró a una ráfaga de viento,
voló hasta el oasis y regresó al instante.
Traía entre sus manos un racimo de maduros dátiles
junto con su turbante empapado en el agua fresca del manantial
que tanto había buscado, lo fue retorciendo lentamente
sobre su reseca boca dándole a beber, gota a gota, para
calmar su lacerante sed. Luego lavó con tiernas caricias
sus párpados heridos por la arena y limpió cuidadosamente
sus sangrantes manos.
Con los cuidados recibidos comenzó a recobrarse y mientras
saboreaba los amarillos dátiles de carne blanquecina,
con voz un tanto más vigorosa, alcanzó a murmurarle:
«gracias mi amo...»
Abed entonces le expresó a ese cuerpo que se restablecía
lentamente su profundo reconocimiento y respeto diciéndole:
«por favor... no me agradezcas... soy yo quien tiene que
agradecerte que me hayas hecho comprender el cuidado que
te mereces... toda la vida te he tratado sin miramientos...
sin consideración... he sido injusto contigo puesto que
nunca te escuché... fue necesario este momento para comprender
lo que te necesito y te debo... No me llames nunca más
amo... ni soy tu amo ni tu mi esclavo...por el contrario...
ni tu, ni yo... solo uno...»
III
El oasis tan ansiado con su sombra de palmeras
y la frescura del manantial, le brindó a Abed el
merecido descanso, la tregua que le permitió superar
los contratiempos vividos.
A poco rato era socorrido por una caravana de mercaderes que
lo conduciría a las puertas de su ciudad donde una nueva
vida lo aguardaba.
marzo 2004
*Domingo
José Vibbot es argentino, nacido en la ciudad de La Plata,
capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Es escritor,
realizador cinematográfico y docente. Cuenta como escritor
con innumerables premios, pudiendo destacarse entre elllos,
como queda dicho, el ´Primer Premio Iberoamericano de
Poesía "Pablo Neruda" (Buenos Aires, Argentina,
1996). El Primer Premio en los Juegos Florales City Bell
(Categoría Cuento- City Bell 1998). Sus poemas y cuentos
figuran en revistrasespecializadas y Antologías, habiendo
publicado asimismo su Poemario "Retazos". Se
encuentra en preparación su segundo libro de Poemas y
Cuentos. En Cine y Video ha realizado producciones premiadas
en la Argentina y España. En mayo de 2003 presentó
su CD "Retazos"con poemas provenientes de su
poemario homónimo, musicalizados e interpretados por
destacados artistas de Buenos Aires. Más informes:
Siete
de la tarde. Las aguas del Pacífico golpean con sus alas
azules las doradas playas de las Fiji. Un espectáculo
mágico, salvaje y sensitivo, transporta a Lia hacia una
dimensión totalmente incontrolable.
Sus profundos ojos negros cerrados bajo el tibio sol, miran
hacia dentro, como para no dejar escapar ni un solo recuerdo
de aquel atardecer... Hacía tan solo un año y
le daba vida como a un presente real e inigualable.
Entonces era como una náufraga extendida sobre las arenas.
Su cuerpo yacía extasiado ante tanta belleza, y no podía
quitar de su mente la presencia de aquel hombre en sus sueños.
Apareció de pronto, allí estaba con su piel bronceada,
sus ojos color tiempo, una sonrisa insinuante y su mano extendida
hacia la suya. Sólo un corto tramo y sus dedos se tocaron
casi con insistencia. En una búsqueda frenética
la acercó hacia su pecho palpitante para sellar con un
beso inolvidable ese encuentro.
Su mirada enigmática la poseía entera, sin posibilidad
de evadirse recordó la consigna Amor Total.
Una camisa de seda blanca para él, un pareo del mismo
color para ella, elementos indispensables en la
cita.
La brisa los envolvía cálidamente en ese atardecer.
-Allí estaremos en un ocaso transparente. Me reconocerás
por la inicial de la pulsera en mi mano izquierda-dijo Javier-
, y veré el azul del mar en tu sortija aguamarina, Lía.
Tomados de la mano caminaban por las arenas dejando las huellas
firmes de su amor a cada paso. Un hombre y una mujer con
la simple locura de amarse en ese paraíso terrenal.
Las horas pasaron rápidamente sumergida en los brazos
de su amado. Los besos de él recorrieron su figura infinitamente
encendida ante tantas caricias compartidas. En sus oídos
sonaban aquellas palabras a mayor placer de uno, mayor
placer del otro. Los días fueron devorados con pasión
y locura. El tiempo se acortaba y la despedida resultaba inminente.
Cada uno debía volver a su realidad, a su habitat, al
destino que habían elegido.
Domingo por la mañana: el velero estaba anclado inmaculadamente
blanco bajo el sol, cerca ya la distancia, los deberes, los
silencios sí; las miradas palpitantes del deseo, la complicidad
y esa dicha única de reconocerse más allá
de la vida.
24 de diciembre del 2001. Nochebuena en todo el planeta, noche
de paz, noche de amor rezaba un villancico cantado por las calles
de Madrid.
Las familias se reúnen en una bonita y coqueta taberna
para renovar la esperanza y fortalecer los afectos.
A las doce se agitan las campanas, suenan todas las sirenas
de la ciudad, los fuegos de artificio juegan con las estrellas.
Y allí muy cerca uno de otro brindan por la buena
nueva Lía y Javier. Sus miradas se rozan, el alma se
les estremece; las copas de champagne tiemblan en sus manos,
al igual que la pulsera dorada con su inicial en la mano izquierda
de El y la sortija aguamarina en la mano de Ella...
El eco que acompañaba
mi melancolía,
cada noche y cada día
eternos, dentro de mi propia desesperación,
respondió las preguntas
por las cuales se sentía
una respuesta tardía
a la perdida funesta de un amigo.
David Orozco
La
Guaria
Asesino
Beso
Como extraño
los días pasados,
aquellos que de alegría estaban repletos,
los mismos que fluyeron ante mis ojos cerrados
y hoy con ojos desorbitados los anhelo.
Recuerdas...
Como me hablabas de tus amores gastados.
Recuerdo...
Como te hablaba de mi dios y mis rezos.
Y como todo hoy se ha acabado,
por un asesino beso.
Después
del infortuito suceso,
tu boca se lleno de mentiras,
yo me sumergí en ensueños de ira
y hasta mis ojos te parecían obscenos.
Nuestra amistad
se marchito
a manos de aquel mal tremendo
y yo termine derrotado
y ambos salimos huyendo.
No quiero
volver al camino andado,
aunque mis pies añoran el amado terreno,
y aunque mis palabras suenen algo necias
y yo parezca poco cuerdo;
no me arrepiento
de aquel asesino beso.
Del
amor a Julia Poggioli
Canto
al Año Juliano
Hoy
yació extinto el año juliano,
del expirar del último de sus alientos
nació un nuevo año,
abundo la algarabía y la fiesta
iniciadas en el ocaso
y ahora reina el silencio del sueño
en las calles donde reinara el caos.
Yo
te rapte de los aposentos de Morfeo,
simplemente para amarrarte en un abrazo,
sacie mi sed de amor y deseos
los breves instantes que estuve entre tus brazos;
hoy estuve entre lo bello,
hoy estuve en tu regazo.
No
ansió oro ni trofeos,
e ideales de ambición que en mi fueron ferreos
ante tu esplendor se tornan laxos
¿De las flechas de Eros,
fui victima acaso?
Hoy que estuve entre lo bello,
hoy que estuve entre tus brazos.
No
sé si estuve entre tus uvas,
pero fuiste tu,
la primera de las mías,
al menos poseo beneficios de duda
aunque albergo maleficios de agonía.
Hoy
al umbral del año viejo,
al póstumo sonar del campanazo,
yo estuve entre lo bello,
yo estuve en tu regazo.
David
Orozco
Caracas,
23 de Octubre del ano 1998.
David
Orozco L.
Caracas,
madrugada del 1 de enero del naciente 1999
*********************
***********************
¿Fue Amor o No Lo Fue?
No sé
si te ame,
ese verbo saltó tan rápido de mi boca,
cuando al anochecer con ansias locas
ante tus palabras, como un loco, yo te desee.
No lo sé,
fuiste fulgor demasiado intenso,
una nube de vapor
disipada al viento.
No mas que una premura,
no es amor aquello que procura
un delirio que capricho fue
Eso fue,
un dolor, ávido y cruento,
un llanto, una pasión,
que me hizo vocear lamentos
pero amor, no fue.
¿Y si lo fue?
El amor de mi vida
o quizás el de la tuya,
entonces esta despedida,
será nuestra sepultura.
¡Eso jamás lo sabrás,
eso jamás lo sabré!
si fue amor o no lo fue.
De
mis días al lado de Dios
A mi Padre, el General Moises Orozco.
Epístola
de un Soldado desde su Frente
Padre:
Que recios son los lazos
que a ti me atan
y al intento de separarnos,
estos más fuertes se vuelven
y poderosamente nos enlazan.
Son la cuerda,
tejida en hilos de amor y de nostalgia,
compuesta de finas hebras,
poblada en abundancia.
Que al aplicarle fuerza de tiro
haciéndose sólida se tensa,
y así se funden sus hilos en mixtura,
en una única amalgama.
Como de acero, una barra
que la añoranza su orillo aguza,
volviéndola cruel espada;
¡Que mientras vierto estas letras
atraviesa mi alma!
Fueras tu, junto de Dios, la gracia
instrumento que a la vida me despertara,
soy carne de tu carne,
aunque mi complexión no sea,
el fiel reflejo de tu estampa.
Siento en mis brazos
el fluir de tu sangre
como ríos de lava,
que al estrecharnos en cada abrazo
arriban a tu mar de llamas.
He erigido la certeza
que me hallo de ti de mas cerca,
mas allá de la distancia,
unidos en la pureza,
encontrados en mi plegaria,
aunque mi corazón débil y traidor
este credo aun no abraza.
Tu amor
me debilita
tu recuerdo me da fuerza
en mi solo el deseo,
de ser aquello que eras:
el noble soldado
el brazo guerrero.
Tú en las filas de la tierra
y yo en las filas del cielo.
David
Orozco
Roma, 28 de diciembre
del 2000.
Hermano
David Orozco Novicio Legionario de Cristo.
Noviciado Santa Maria
de la Montaña, 4 de Noviembre del año 2001. Monterrey, México.
-
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
-
* - * - * - * - * - * - * - * - * - * -
A
mi hermano en sangre, Aarón Orozco
Destinatario
Original- José A. Pulido* A mi salida del seminario, a los pocos días
de mi llegada a los EEUU
Inspirado por una mirada al mundo después de muchas,
tantas, lunas de claustro.
Tu
Barca y Yo...
Eres tu barca y yo...
Largo cabo,
que en la distancia te sujeta,
largo en las aguas se sumerge
y; no adviertes su presencia.
Fuerte y apretado en su tejer,
el agua no le penetra,
sin así lograr pudrir;
siquiera una de sus hebras.
Los demás cabos cortos,
al puerto, tensos, te condenan
y al bambolear de las olas;
las olas, les revientan.
Soy yo... La perenne amarra.
Que a la ausencia de todas
te salva de las mareas;
fiel en tormentas y tifones
a naufragios y derivas, no te deja.
Eres tu barca y yo...
Luz de faro,
que orienta tu navegar entre tinieblas
cuando las luces de las lámparas
ante la brisa, se hacen trémulas.
Soy yo... El faro
que en la lejanía no contemplas,
que en tus días de sol radiante,
olvidas y no recuerdas
Soy yo... La Pesada ancla,
ultimo auxilio al romper de las velas.
Vuelve tus ojos
a las hojas de tus bitácoras.
Los muchos cabos reventados,
las muchas anclas a la mar perdidas,
las muchas lámparas que su luz desmayan,
al arreciar tormentas, al caer los días.
En esos días de tempestad arreciar
de tinieblas, de brisas y de bravo mar
Solo la arrumada ancla,
el faro olvidado,
y la colgante amarra;
están a tu lado.
Epístola
al Lagarto (Una
Lóbrega Misiva)
*Lagarto: (apelativo)
Aquí no todo se figura
tan idílico como se esboza,
apenas sobrevivo,
sumergido en este exilio
que refugia, de afrontar realidad oscura que me acosa.
A veces pienso consumar mi vida:
en un salto, en una vertiginosa sensación de vacío,
en una ultima caída,
un tirar aguerrido de gatillo,
la ultima mueca del barato artista
Quien posa su cuerpo y verbo a monedas míseras.
Vivo a vastos y temerarios pasos,
con el valor al que licor de las pasiones convida,
pateando a la vida, cuando ella en su intento seduce
a hundirse en ella en embestidas,
a sus encantos de glandes, paladares y vaginas.
La vida es una amante que besa,
puñal escondido entre sus mangas,
esperando inquieto a mi espalda,
momento... de cerrados los ojos,
de labios entreabiertos;
para hundirse en un pinchazo soñoliento,
de dormirnos bajo tierra.
El amor aquí es una ficción,
una justificación de sexo,
el enamorarse es un sueño.
del que temprano o tarde habrá que despertarse.
los lechos de las camas se ofrecen fríos,
las sabanas húmedas en fluidos;
así se adolece de hambre, se vive muerto.
y se torna fría la sangre.
Un gemido abruptamente se silencia,
y se pierde mientras vuela al aire,
clama el precio de un cuerpo y seca los mares,
saltan moribundos peces en montañas de sales.
Las mentes duermen arrulladas en cantares,
libros gritan, mudos, en alaridos desgarrantes;
pantallas hipnotizan en ignorancia,
y ríen en carcajada y estruendo de sus males.
Las complexiones se posan vergonzosamente desnudas,
bañadas en lujos y vanidades,
envueltas en sedas que acarician en lujurias,
desbordadas en alhajas de vulgo rebosante.
Armas reclaman sangre,
se yagan los cuerpos en enfermedades,
uniformes son vestidos por cerdos
que en cadáveres gustan de revolcarse,
juventudes se atontan a música estridente
gozosas de embriagarse en bares,
pólenes anestesian conciencias
por narices aspirantes.
Así se estremece ciudad que muere,
retante a límites, a zancadas de excesos,
a abismo osa precipitarse.
Hno
David Orozco n.L.C
Monterrey,
11 de Noviembre del ano 2001
Servus
In Corde Iesu
Legionari in eternum, David Orozco.
Washington DC, 4 de Mayo del año
2002.
= * = * = * = * = * =
* = * = * = * =
= * = * = * = * = * =
* = * = * = * =
A
Diana "Manuela" Bisquerra
A
Manuela Bisquerra
Carta
a Manuela
Querida
Manuela:
A las más tempranas horas,
la luz de esta mañana me hallo despierto,
colmado de tus ganas,
pensativamente tendido al suelo,
boca arriba y mirando al techo;
que se muestra monótono y pálido,
y que en su palidez te intento ha dibujar,
lo hago más interesante entonces,
aunque aun no logro descifrar
esa peculiar combinación de tus líneas
que me fascina y me golpea,
desde aquel primer día en que te vi.
Aunque algo tarde me di cuenta
y más tarde aun,
en mi altivez soberbia, lo reconocí.
Que remota y loca
se me hace la idea de amarte,
tan familiar como ajena,
acotando el estar separados
por miles de crueles kilómetros,
yo exiliado de tu tierra
y tu prohibida de venir a esta
y con ello a mí,
es una condena de paciencia,
pesada y férrea como una cadena
que el destino nos forjo y nos obligo a vestir.
En ciertas noches te estrecho tan cerca,
con mis brazos colmados de fuerza,
mas de lo que pude
en la única noche de nuestros abrazos,
donde se vistieron nuestros cuerpos
mutuamente en su desnudez,
y que atesoro en la bóveda más segura
de todo aquello recuerde y que recordare.
A veces te pienso tanto que te desgasto,
acabo por convertirte en arenas
que se escurren de mis manos,
te podría confesar ahora si te amo,
aunque creo que lo sabes aun mejor
de lo que lo podría yo narrar,
guardo la convicción que un día
abrirás de nuevo tu puerta
y yo estaré de nuevo parando frente a ella y frente
a ti,
no importa cuantos años sucedan
y no pido siquiera aguardar,
sé que dios me depara aquella enorme gracia
de morir junto a ti,
de gastar tantas noches enteras
de privarnos el sueño y hacernos vivir.
Otros días pasan tan sublimes
quesiquiera te advierto,
creo que es oportuno confesar
quela mano de otra mujer sujeto
y que si, en mi soledad
compartomi cama en su lecho,
pero no mi corazón,
o no al menos como lo hice contigo.
Pero es la única forma de sobrevivir
aquella enfermedad crónica
dela que empecé adolecer
eldía en que te deje tras mi hombro,
sin palabra de despedida,
paravenir hasta aquí.
Cada carta que te empuño
descubro cuan grande eres
y que pequeño me haces.
Mis letras enaltecidas se apocan tanto
al no lograr conquistarte.
No importa, hay que saber cuando se vence,
cuando se es vencido y por ello perdonarse.
Cuanto desearía que el tiempo
me diera la gracia de dejar de quererte
o tal vez consumar el imposible
que se me hace olvidarte,
de poder mirarte sin querer hacerte:
hogar de mis besos
o destino de mi cartas,
mi océano, mi templo y mi morada,
donde cada día navego,
donde duermo cada noche
y donde rezo, en las tardes mas santas.
Cuando
No Apareces.
Los
días en que no apareces,
son a veces...
tan vagos y vacíos,
carentesde tus risas y gracias,
desbordantesde nostalgia,
dehoras pesadas y minutos lentos,
escasosde aires, abundantes en sentimientos,
decurso soñoliento y también alucinante,
deagonías delirantes y tristes pensamientos.
De puño inquieto, de ojos cerrados
y de labios entreabiertos,
de latidos de corazón y de pecho,
de manos al rostro,
de la luna colgarse,
de pensarte... tal vez demasiado,
de demasiado añorarte;
de desearme a tu lado
y a mi lado soñarte.
Los días en que no apareces
soy una imagen sin reflejo,
soy un hombre al espejo,
cansado de mirarse,
que buscando y buscando
no acaba de encontrase.
En los días en que no apareces
son arduos los silencios,
vuelan estos,
mudos por el aire,
se tornan sordos mis oídos
y me hacen recordarte,
enlas visiones de días más sencillos
donde gastaba mis horas en mirarte
Los días en que no apareces
me hacen amarte,
sentir que te necesito,
sentir que te quiero tanto o más que antes,
sentir que sigues lejos
como de estarlo jamás dejaste,
sentir que eres un sueño
y que debo despertarme
David Orozco L.
Arlington,
18 de abril del 2002
A
Tu Muerte A
Rana Aral
Hoy
que cierras tus ojos,
hoy cuando nublas tu vista,
y cuando cuerpo desfallece en abrojos
al agonizar del día.
Pensare que no estas muerta,
que tan solo estas dormida.
Hoy que palidece tu rostro
hoy cuando se entumece tu risa.
y que suspiros vuelan de tu boca
y se pierden en la brisa.
Pensare que no estas muerta,
que tan solo estas dormida.
Hoy cuando mi mano la tuya sujeta
aunque frívola ignoras la mía,
cuando tus párpados con indiferencia
te cubren y no me miras.
Pensare que no estas muerta,
que tan solo estas dormida.
Si bien mañana no ves el día
aun al lecho de tu muerte,
nuestro será amor mas fuerte;
y aun sin vida, serás mía.
Pues, pensare que no estas muerta,
que duermes en tu muerte.
Y es fuerte el pesar,
que me ha traído hasta tu alcoba
el saber que efímera te marchas
y otros parajes moras;
dejándome en silencio,
llorándote a solas.
Tuyo,
David
Ciudad
de Fairfax, 27 de Junio del año 2002.
Orozco
Lucani.
Estambul
marzo del 2003
Estrella A
Isabela de Franco.
Fuiste una estrella en mi universo,
brillaste como pocas,
deslumbraste mis cielos,
surcaste fugaz
mi bruno firmamento,
disipando la penumbra
con el fulgor de tus velos,
escindiendo su espesura
con el filo de tus fueros.
A tu paso,
los otros astros se detuvieron,
contemplaron mudos
tu paso, lucio y señero.
Y envidiaron las aves
la gracia de tu vuelo
fueron codiciados por diamantes
tus brillos galenos,
mas tuvo tu premura
la celeridad del trueno,
la avidez del rayo
al cortar el cielo,
el brío de resoplante del caballo
rebelado al freno.
Fresca garúa
de mi ardiente verano,
ansiado doblegar
de un largo invierno,
sol triste del ocaso
de matices rojos y bellos
que hirieron mis ojos
a tu partir sanguinolento.
Anhelado rocio mañanero,
si besases los labios
de este árido suelo,
fecundarías en él
el fruto del amor nuevo.
Son ahora mis carnes
presas de tu acero,
blanco de tu austero amor,
y tu querer fraterno;
volviose tu ajeno garbo
martirio y flagelo,
¡tormento del mismo diablo,
suplicio del mismo infierno!
Tu, estrella
de brillo aguzado y severo.
Astro de presto vuelo pasajero
haz herido mi alma,
haz cercenado mi cielo,
y tu belleza fulgurante
y su destino ajeno;
son puñal
bajo el que desangro y muero.
El
Lobo
( No editado)
A: Isabela de Franco
Cuantas veces es mordido,
costado del manso cordero;
pero respetado y temido es el colmillo
del lobo carnicero.
En este mundo, humillado
es el dócil y el fiel;
y loadamente venerados
son el sañoso y el cruel.
Pues, es aquí pecado
ser magnánimo y piadoso,
duramente condenado
por los hombres rabiosos;
fue una vez crucificado
el todo misericordioso.
En esta tierra la bondad es flaqueza
y es la misericordia estupidez,
abofeteados son con vileza,
los rostros que no abofetean de revés.
Son vereda de los malvados,
los lomos de los sumisos
y son sus honores mancillados,
como los trajinados pisos.
Fui un mancebo
y fui atribulado
la infamia de los hombres, sus egos,
me hicieron un lobo desalmado.
Y ya no miro iluso
las noches estrelladas;
ahora aulló a ellas
con mi irascible dentada.
No te confundas,
parezco un cordero,
mas bajo mi mirada difusa
soy el lobo fiero.
David
Orozco.
Ciudad de Fairfax 24 de Junio del
2003
David
Orozco Lucani.
Virginia, 29 de junio del 2003
*
David Orozco Lucani Natural
de Venezuela, formado bajo la instrucción Franciscana,
inicia sus estudios de derecho en la Universidad Católica
Andrés Bello- (Caracas, 1998), la cual, abandona
al ingresar a la vida religiosa como Novicio de la Legión
de Cristo- (Monterrey, 2001), la que pasado un año
también abandona en el discernimiento de otra vocación.
Actualmente reside en Virginia, EE.UU. donde cursa estudios
en la Universidad George Mason.
Los derechos de todas las obras a continuación
están reservados a su autor.
ESTAMPAS
DE BUENOS AIRES PASADO
Por Roberto Melillo
Buenos Aires, Argentina. Florida
y Corrientes, 3 de la tarde. Carlos camina sin dirección,
a paso cansino, "disfrutando" del calor y la humedad,
en esta bendita ciudad. Al llegar a San Martín no puede
creer lo que esta viendo: Sí es ella, Laura, su primera
novia. Está sola y se dirige a su encuentro. Han pasado
casi 30 años de la última vez que se vieron.
En un segundo pasaron por la mente de Carlos las imágenes
de ese momento. Laura con su uniforme del colegio y llorando
desconsoladamente le decía porque razón la dejaba.
Nunca pudo borrar en su memoria ese momento.
-Hola Laura, ¿ como estás?
- ¿Quién sós?
- Carlos, ¿no te acordás?.
- Ah si, ¿como te va?
- Bien, paseando un poco ¿ y vos, trabajando ?.
Ah, si no estás apurada, ¿tomamos un café
o algo?
- Bueno.
Se fueron por Florida a la Richmond. Decidieron tomar una cerveza
bien fría.
- Contame, Laurita ¿que es de tu vida?
- Todo bien. Los viejos se fueron a España y yo me quedé
para terminar con todo lo de los hoteles. Después veré
lo que hago. Hoy de casualidad estoy por aquí, pues normalmente
camino por Callao y Santa Fé. Y vos te casaste? sí
pero duró poco. Por suerte no tuve hijos, hubiera sido
mas difícil. Hace ya mas o menos 10 años. ¿Vivís
solo?
-Si, en Palermo, cerca de donde vivíamos cuando éramos
novios, a una cuadra. ¿Vos también te casaste?
- Si, me divorcié el año pasado, estuve 4 años
casada y todo se acabó. Creo que fue mejor. Tampoco,
por suerte, tuve hijos. Carlos, ¿puedo preguntar algo?
-Sí.
- Cuando me dejaste, ¿cuál fue la razón?
- Te juro que no sé Laura. Recién cuando te vi
me acordaba de tus lágrimas el último día
y vino como un rayo a mi memoria que no te contesté,
me di vuelta y me fui.
- Pero algo te debe haber pasado, algo debo haber hecho yo.
- Lauri, te juro que nunca supe porqué.
Se dio así y nada más. ¿Nos vamos a poder
ver en otra oportunidad? Realmente me gustaría,
para poder recordar nuestras andanzas con la barra, Ana María,
Héctor, ¿te acordás? Que manera de joder
en esa época.
- Si que me acuerdo, Carlos. Aun cuando hace muchos años
que no sé nada de ellos. Con respecto a vernos, no hay
problema. Cuando quieras. Luego te dejo el número de
mi celular. No te pido tu teléfono, pues seguramente
no voy a llamar. No por vos En general no llamo a nadie.
- Sabés una cosa Laura: siempre me acuerdo de nosotros
y me preguntaba que sería de tu vida, como sería
volver a verte y mirá que casualidad: se me dio.
- Pero no hiciste nada para encontrarme, a pesar de que según
vos, vivimos cerca. Yo no me mudé. Y que te parece, ¿cambié
mucho?
-No, estás preciosa. Mantenés muy bien tu figura.
Te aseguro que cuando te vi, te reconocí de inmediato.
La verdad que quiero volver a verte pronto.
-Cuando quieras Carlos Tomá nota.
En la mesa de enfrente había unos tipos que no cesaban
de mirarla. Ya me estaba poniendo nervioso. Ella se dio cuenta.
Me tocó la mano, y dijo: Vos sos siempre
el mismo Ya querés agarrarte a trompadas.
-¿Sabés que pasa? No me acostumbro a los boludos
que miran a mujeres acompañadas.
- Carlitos pará, bajá la voz y escuchame: cuando
nos encontramos te dije que estoy trabajando, ¿te acordás?
- Si.
- Bueno entonces si ahora no vamos a acostarnos, dejame continuar
con lo mío y llamame cuando quieras. Ok,
bebote, Chau