PERU, LIMA: DEL 16 AL 21 DE AGOSTO PRÓXIMOS,
SE REALIZARAN LAS VI JORNADAS ANDINAS DE LITERATURA LATINOAMERICANA
ESTUDIANTILES
Las VI Jornadas Andinas de Literatura
Latinoamericana Estudiantiles (JALLA-E) que se realizarán
en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, Perú,
durante la semana que va del lunes 16 al sábado 21 de
agosto del 2004,se iniciaron en 1994 en La Paz, Bolivia, con
la finalidad de abrir un espacio al trabajo intelectual de estudiantes
y jóvenes investigadores dedicados al estudio de los
discursos literarios latinoamericanos motivando el intercambio
y el desarrollo común de su producción intelectual.
Desde entonces las JALLA-E se realizan en diversas ciudades
de los países andinos.
Este año la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
albergará por única vez a las JALLA y JALLA-E
en su sede, lo que hace de ésta una edición significativa
al cumplirse una década de su realización.
En las JALLA-E San Marcos 2004 se desarrollarán ponencias,
talleres y mesas redondas acerca de los temas centrales de los
estudios actuales en la Escuela de Literatura de San Marcos
y de las demás universidades de la región invitadas
a participar y se difundirán eventos culturales representativos
de la actualidad local. Siendo los temas principales la preocupación
por la tradición oral, la problemática de las
teorías del discurso con énfasis en las
latinoamericanas- y los límites de la hermenéutica
literaria.
A continuación presentamos los requisitos para la participación
en las JALLA-E San Marcos 2004.
Propuesta metodológica:
Las ponencias deben circunscribirse a los temas de la siguiente
propuesta metodológica:
Teorías del discurso.
Problemática de la teoría literaria latinoamericana.
Problemática de la oralidad.
Teorías del discurso.
Hermenéutica.
Discursos canónicos latinoamericanos (narrativa, poesía,
teatro, y ensayo).
Discursos no canónicos latinoamericanos (discursos híbridos,
literatura infantil, literaturas étnicas, testimonio
y performance).
Estudios coloniales.
Ponencias:
Los interesados en presentar ponencias en las JALLA-E San Marcos
2004 deberán enviar una sumilla de su trabajo respetando
el siguiente formato:
Título explicativo.
Descripción de la ponencia (entre 15 y 20 líneas).
Propuesta de la ponencia (máximo 10 líneas).
Bibliografía básica (5 títulos).
Palabras clave (máximo 5).
Reseña del autor (según modelo).
Nombre:
País de origen:
Institución:
Grado académico:
Dirección e-mail:
Teléfono:
Dirección:
Carlos Martín
Echecopar Jerí.
Honduras.
UNMSM Lima Perú
Estudiante de pre-grado.
martineche@hotmail.com
(51 1) 345-6789
Calle Rey de Bahamonde 213, Surco, Lima 33.
La sumilla debe ser remitida por correo electrónico
teniendo como fecha límite el lunes 31 de mayo del 2004.
Las ponencias deberán ser enviadas como archivo adjunto
luego de ser aceptada la sumilla y teniendo como plazo máximo
el 30 de junio del 2004. Estas se enviarán en formato
A 4, con fuente Times New Roman tamaño 12 a espacio doble
y con una extensión máxima de once carillas, sin
contar los folios de la bibliografía. Deberá remitirse
además una bibliografía de máximo dos carillas
en formato A 4, con fuente Times New Roman tamaño 11
a espacio simple. Las páginas deberán estar numeradas
en el extremo inferior derecho.
Inscripciones:
Ponentes: Ponentes (peruanos y extranjeros) estarán exonerados
del pago de inscripción.
Asistentes:
Estudiantes:
Procedentes de universidades peruanas: S/. 20.00
(veinte nuevos soles). Procedentes de universidades extranjeras: $10.00 (diez
dólares americanos).
La participación de ponentes y asistentes a las Jornadas
será certificada.
Los asistentes podrán preinscribirse a través
de nuestra página Web. En próximas circulares
se darán indicaciones más precisas sobre las modalidades
de pago.
Coordinador general
Coordinadora de economía:
Coordinadora de prensa y difusión:
Coordinadora administrativa:
Coordinador académico
Coordinador de eventos culturales:
Coordinador de voluntariado:
Jair
Pérez Bráñez.
Kristel Best Urday.
Tania Silva Cepero.
Emma Seperak Cahuas.
Jaime Arturo Vargas Luna.
Juan Manuel Chávez Rodríguez
Dante González Rosales
Después de siete años
puedo sentarme frente a mi máquina para contar mi historia.
Increíblemente aun afloran a mis ojos las lágrimas
del dolor, el llanto eterno de mi alma de madre.
Ésta historia es absolutamente verídica, son hechos
de la vida real, aunque parezcan insólitos. Es una historia
de amor, de engaños, de dolor, traición y de credulidad,
hoy muerta, de que existía un Dios. Es sobre la corrupta
actuación de los personajes que juraron sobre su sagrada
religión y con lealtad administrar la justicia en la República
de Argémone.
Mi historia es sólo una más de tantas, y la relato
con sinceridad y absoluta convicción de ayudar.
Debo aclarar que los nombres de los lugares y personajes han sido
cambiados para preservar la vida, sí, la vida, de aquellos
que pueden sufrir las represalias del autor intelectual de éstos
hechos.
Quizás muchos se sientan identificados, ya que la corrupción
y la impunidad es tan amplia dentro de las fronteras de Argémone.
Para ellos, les deseo que su muerte no sea tan cruel como debería
ser, porque a pesar de todo, aun me queda compasión en
mi corazón.
Todo empezó hace 15 años, luego de un divorcio amigable
y muy respetuoso. Al cabo de dos años, decidí que
era hora de insertarme nuevamente en el mundo de la sociedad porteña,
y empezar a salir y dejar atrás lo que pudo haber sido
y no fue.
Así es como un gran amigo mío, con un importante
puesto en la que fue la Municipalidad de la Ciudad Capital, decidió
intentar contagiarme su felicidad de estar en pareja y se empeñó
en presentarme a mi "gran caballero de brillante armadura",
(era muy poético, mi amigo). Estuvo aproximadamente 6 meses
para lograrlo, ya que por alguna extraña razón,
yo no quería conocerlo, (¿intuición femenina,
quizás?). Al final me ganó por cansancio y acepté
salir con Demetrio en una cita de parejas.
La noche elegida, presté muy poca atención a mi
atuendo, tenia todavía poco interés en conocer a
este personaje, pero claro, la juventud y el candor aun intacto
en mi, cosa que yo no sospechaba, hicieron maravillas para que
me viera espléndida. La hora señalada era las 21.
El señor en cuestión apareció a las 22. Cuando
bajamos, mi amigo, su novia y yo, ahí estaba, mi caballero,
dentro del auto fumando uno de sus eternos cigarrillos. Yo todavía
creía que los señores de bien esperaban a las damas
fuera del auto en la puerta de su casa, pero, parece que no era
así, al menos no en mi cita.
La primera impresión dicen que es la más importante,
el impacto inicial, lo que se siente al primer contacto físico,
pues bien, me enamoré al instante. ¿Porqué
negarlo?
Nuestra historia fue tempestuosa, fuera de lo común, que
dará lugar a otro cuento verídico como éste.
Puedo decir que amé más intensamente de lo que jamás
haya hecho. Claro, mucha experiencia no había tenido, y
él me enseñó las artes del sexo, del amar
sin límites, del llanto por satisfacción. Todo muy
especial, muy profundo, hasta que me empezó a enseñar
la otra cara de la moneda, la de la brutalidad, del dolor físico
y espiritual. La del abuso en todos los sentidos. Esa parte que
nadie me dijo que existía, y que yo, siendo tan naive,
tan desprovista de maldad, jamás supe que anidaba en el
corazón del hombre. Pasé de sentir la gloria del
amor en su más puro aspecto, a saber lo que era el dolor,
hasta entonces, mas profundo que jamás había sentido.
Fui una mujer golpeada, física, emocional y espiritualmente.
Estuve cerca de morir en sus manos, quería tirarme del
balcón, clavarme un bisturí en el cuello, y muchas
otras crueldades por el estilo que pueden imaginar; las quemaduras
de cigarrillos eran para él un simple pasatiempo. Lo peor
de todo fue que yo sentía que tenia la culpa por provocarlo.
El patrón de la mujer víctima del abuso, es así,
sentirse culpable de provocar al victimario, y justificar su brutalidad
a través de la culpa.
Sabia en mi fuero interno, que no estaba bien, pero mi amor era
mucho más grande que el dolor que mi pareja me infligía.
Mis ejemplos de vida, los que tuve en la niñez nunca fueron
así. Eso es lo que en definitiva y a la larga me salvó.
Tuvimos tiempos buenos y malos. Cuando eran buenos estaba con
él, hasta que empezaban los malos tratos. Entonces huía
despavorida a mi hogar que quedaba a muchos kilómetros
de distancia. Hasta que me llamaba, lo llamaba, o aparecía
en mi puerta, lamentando profundamente el daño que me había
hecho y pidiendo perdón por sus actos. Yo perdonaba y así
seguíamos, hasta el próximo abuso.
Hasta que un día, luego de convencerme que nuestro amor
iba a ser eterno, acepté irme a vivir con él. Partí
con mis dos hijos mayores a la ciudad para empezar lo que yo creía
seria una nueva vida, feliz e idílica. Todo duró
3 meses.
Cuando negó su futura paternidad aduciendo esterilidad
y que yo me había prostituido con otro hombre, más
la infelicidad de mis hijos y la mía propia, decidí
volver a partir con el corazón estrujado y mi útero
lleno de una nueva vida, que salvé de la brutalidad, gracias
a los cuidados de una enfermera discreta y a las drogas milagrosas.
Mi hijito nació prematuro, un verano muy caluroso. Sin
la presencia de su padre, que aún lo negaba. La felicidad
y enorme amor que sentí al conocer a Ulises, me llenó
de nueva voluntad de vida, los telegramas enviados al flamante
papá no tuvieron respuesta, y era lo único que ensombrecía
mi dicha.
Mi bebé era el vivo retrato de su papá, y me lo
recordaba cada vez que posaba mis ojos en él. No era un
mal sentimiento. Sólo pensaba que tonto que era al negar
y no querer conocer a su único hijo. Y ahí empezó
a germinar mi primer gran error.
Sentía que mi hijo debía conocer a su padre y que
el padre debía tener a su hijo cerca, verlo crecer y convertirse
en un gran hombre. Así es que lo llamé por teléfono
a Demetrio y le comuniqué que viajaba con nuestro hijo
para que lo conociera. No presté atención a su negativa
de recibirnos. Pensaba que todo iba a ser diferente ahora con
un hijo, que él iba a cambiar sus actitudes violentas por
amor incondicional. Qué gran error.
Partí en mi automóvil, con el fruto de nuestro amor
dentro de su moisés, enganchado entre el asiento delantero
y el torpedo. Feliz de mi nueva aventura y soñando con
un futuro prometedor junto a su papá. Mil kilómetros
de esperanzas y alegrías. Que terminaron en cuanto llegué
y conocí a su novia.
Pero no me importaba ya que era una señorita que sólo
tenia interés en su dinero y a la cual yo iba a poder destronar
sin problemas. Así fue. Otro error.
Demetrio cuando vio a su hijo, encontró en él, la
imagen de su padre fallecido, también maltratado por él
y quizás el sentimiento de culpa que lo embargaba desde
su muerte, lo llevó a querer ponerle su apellido.
Y aquí viene el peor error de todos. Le permití
reconocerlo, le permití hacerle un ADN, (quería
estar seguro de su paternidad, la cual era imposible ignorar)
pero él mismo dijo que aún siendo la Virgen María
la madre, le hubiera hecho igual el estudio.
Recuerdo el día en que fuimos al hospital a efectuar la
extracción de sangre, el llanto de mi bebé me conmovió
tanto, que ahí empecé a sentir lo que seria el primer
dolor agudo del corazón al ver sufrir a mi bebé;
nunca se me ocurrió pensar que sólo era el principio...
.
Hasta aquí, no es nada nuevo como historia de vida. Esto
le ha sucedido a infinidad de mujeres, y lamentablemente les seguirá
pasando mientras nadie tome conciencia de los verdaderos derechos
de las mujeres, en especial las mismas mujeres que sufren la ausencia
de esos derechos.
A partir del momento en que Demetrio reconoció a Ulíses,
empezaron los problemas y luego las exigencias. El padre exigía
que su hijo creciera en la ciudad, pero mientras yo viviera tan
lejos eso era imposible. Entonces nos enviaba los pasajes de avión
que él recibía en concepto de viáticos y
viajábamos una o dos veces al mes.
Durante éstos viajes mis hijos mayores, Cristian y Alan
se quedaban mitad con mis padres y mitad con una ama de llaves.
Ellos estaban bien, pero, mi tiempo fuera de casa los conmovía
y nos extrañábamos. Y yo no podía cumplir
mi función de madre como deseaba. Fue entonces que Demetrio
propuso que nos casáramos y nos fuéramos todos a
vivir a la capital de la República de Argémone.
Yo acepté enamorada y ciega a la realidad, no olvidemos
cuánto lo amaba y cuánto creía que él
me amaba a mí. Puse mi casa en venta y la vendí,
pero luego de haberla vendido y en una visita de Demetrio, previa
a la mudanza, tuvimos un altercado furibundo, por el cual me golpeó
severamente, y en el cual hubo intervención policial.
Obviamente el casamiento se canceló. Por las heridas recibidas
me dieron 10 días de curación, y a Demetrio una
seria reprimenda de parte del Comisario. De todas maneras las
actuaciones siguieron en Tribunales, como causa penal. La cual
desestimé al poco tiempo por insistencia de Demetrio, que
apareció con todos los papeles listos para la firma junto
con sus disculpas y seductora mirada.
A ésta altura y gracias al Comisario del pueblo donde vivía,
empecé a tener un vislumbre parcial de mi problema. Caí
en la cuenta que tenia entre manos una situación grave
y que me podía costar la vida. Si no hubiera sido por éste
Oficial, no sé si hoy estaría viva para ver crecer
a mis hijos.
Éste buen hombre me mostró un folleto en el cual
se explicaba como era el comportamiento de una mujer víctima
del abuso. Vi reflejada mi vida en ése papel, y también
en lo que se convertiría. Y mi posible muerte.
Debo destacar en éste momento qué importante es
el papel de un buen policía para abrirle los ojos a las
mujeres víctimas de abuso de cualquier índole. Pueden
llegar a cumplir el papel más importante de la vida de
una mujer. Simplemente con sus palabras lograrían evitarles
la muerte casi segura o una vida miserable en manos de su abusador.
Es muy común en cualquier ámbito, (laboral, familiar,
etc.) escuchar a un hombre decir al enterarse de una golpiza,
"seguro se lo merecía" o "por algo será".
Créase o no, existen ésos sujetos y ésos
comentarios. Lo sé porque los he sufrido en carne propia.
Muchas personas hacen oídos sordos a los pedidos de ayuda.
Me sucedió un 25 de diciembre, día feriado, esos
días silenciosos, de calor, de sopor. Luego de la
comilona de la noche anterior, estuvo torturándome psicológicamente
durante horas, y yo callaba e intentaba calmarlo, aceptando las
culpas de todos los males del mundo con tal de que no llegara
a la violencia física, pero igual ahí llegó.
Cuando ya no pude soportar más los golpes empecé
a pedir ayuda a los vecinos, a gritos a través de las ventanas
abiertas.
¿Pueden creerlo? Ningún vecino, siquiera oyendo
su nombre y mis pedidos de auxilio fue capaz de socorrerme. Tanto
era el temor a las represalias de Demetrio. Y tan fuerte el "no
te metas". Cuando al día siguiente, me crucé
con varios de ellos, todo era como si nada hubiera pasado, y ni
miraban mis moretones ni mi cara con las huellas de lágrimas
y mi mirada de desesperación e infinita tristeza. Bajaban
la mirada o evitaban el contacto con mis ojos. Hoy sé que
esos mismos vecinos siguen haciendo el papel de avestruces.
No les voy a decir que me curé de un día para otro,
ya que no fue así. Tardé años en poder despegarme
de éste amor enfermo, de dejar de culparme y dejar de justificarlo
por sus acciones. Pero lo logré con mucho dolor y no poca
angustia.
Cuando Demetrio vio que nuestra relación no iba más,
empezó el calvario judicial. Debe entenderse que vivo en
un pueblo, que entonces era pequeño, ahora lo llaman ciudad.
Y éste pueblo tiene una cabecera judicial, que queda a
70kms aproximadamente de mi casa. La trama increíble de
telaraña judicial y de profesionales que en ella actúan
es de ciencia ficción. Con el tiempo a éste lugar
lo bauticé "La Dimensión Desconocida".
Por supuesto esto yo no lo sabia hasta que fue demasiado tarde.
Primero pidió un régimen de visitas. Yo no tenia
dinero para pagar un abogado en ése entonces, y ahí
llamé a un "amigo" mío para que me representara,
ya que era algo muy sencillo. Simplemente llegar a un acuerdo
de visitas. El día que fuimos a Tribunales, estuve muy
tranquila sabiendo que todo iba a ir bien, al fin y al cabo, la
Justicia es Justa y estaba amparada como mujer y como madre. Al
menos eso era lo que creía fervientemente. La ingenuidad
era uno de mis mayores dones.
Llegamos a un acuerdo, que al menos cuando lo leí, me pareció
aceptable, totalmente legaL en cuanto a términos judiciales.
Firmé sin que mi "amigo" el abogado, me aclarara
las condiciones verdaderas de lo acordado.
Y entonces Demetrio luego de intercambiar unas palabras con mi
"amigo"el abogado, me pidió que no peleáramos,
que por el bien de nuestro hijo debíamos respetarnos y
respetarlo. A lo cual yo estuve totalmente de acuerdo. Esa tarde
Demetrio nos invitó a tomar el té, y le pedí
que me acercara al estudio de mi "amigo" para alcanzarle
unos pesos por su molestia, y él me dijo:-"no gastes
tu dinero, yo te lo pago"-. Acepté pensando, recuerdo,
en su generosidad, y delante de mis propios ojos y con mi inocencia
e ingenuidad de testigo, pasó el primer soborno a manos
de mi ahora ex-amigo.
La relación de pareja, por el momento estaba estancada.
Y llegó el primer escollo grave. En el acuerdo firmado
había una cláusula en la cual se permitía
que mi hijito de dos años se fuera con su padre por 15
días de vacaciones, -sin- la madre.
Y esto se ve, yo no lo había entendido cabalmente ya que
supuse que esas vacaciones serian en el pueblo, pero no, la separación
era apoyada por todos, entiéndase la comunidad judicial,
la Juez, el Defensor de Menores, la Psicóloga, el Juez
de Paz y el abogado de él, padre de varios hijos.
Luego supe, como se sabe todo en un pueblo chico, cuanto cobraron
cada uno de ellos. Ya "mi" comisario amigo no estaba
más, inexplicablemente lo habían alejado de su cargo
y obligado a retirarse. Una casualidad. También me enteré
con el paso de los años, cómo había sido
su alejamiento del cargo; una llamada telefónica a la Central
de Policía de la Provincia y asunto arreglado.
Demetrio no iba a dejar que un simple Comisario de pueblo lo haya
rebajado a quedarse sentado en un banco, demorado por su mal comportamiento,
por 5 horas. Eso se paga, tarde o temprano. En especial cuando
Demetrio está de por medio.
Mi primer intento de revocar la decisión judicial fue encadenarme
dentro del tribunal, a un banco de madera. Todo un revuelo, ya
que estaba haciendo historia, nunca había pasado algo así.
Lo único que logré fue que un abogado que estaba
casualmente presentando un escrito de último momento, me
hiciera el favor de representarme en forma circunstancial, (aclaro,
que mis abogados brillaban por su ausencia) pidiendo la comparencia
de la Juez y el Defensor de menores, cosa que no sucedió.
Y la otra cosa que logré fue que el Juez en lo Penal se
me acercara a pedirme que por favor me fuera a encadenarme a un
árbol de la plaza. Porque ya cerraba Tribunales y los estaba
retrasando.
Entonces me atrincheré, el día en el cual debía
entregar a mi hijo, cual Rambo femenina, en mi casa con el, durante
8 horas, negándome a entregarlo para separarme de él
durante 15 días.
En el portón del frente había una multitud de gente,
patrulleros, policías, Juez, Psicóloga, Juez de
Paz, abogado, y curiosos. Debo aclarar que a ésta altura
Ulíses apenas conocía a su papá, más
que las pocas veces que habíamos ido a visitarlo a la Capital,
siempre estando yo al cuidado de sus necesidades, y otras pocas
que había venido él.
Demetrio no sabia cambiar un pañal, cosa que le desagradaba
profundamente, apenas si sabia dar la mamadera, aunque mi hijo
también tomaba en taza. No tenia idea como interactuar
con un niño de casi dos años. Y de psicología
infantil, cero.
Un hombre sin hijos, éste su único hijo, solo sabia
actuar de abogado y político en su importante cargo de
la Municipalidad de la Ciudad Capital. La incongruencia mayor;
él debía administrar justicia y sin embargo rompía
todas las reglas. (Una de sus máximas: No es autoridad
quien no viola la Ley)
Yo me negaba a entregar al niño en ésas condiciones.
Luego de mucho conversar y negociar, Demetrio aceptó llevar
consigo a la niñera que de vez en cuando cuidaba de Ulises.
Así la cuestión fue resuelta y mi hijo viajó
atendido por alguien en quien confiaba.
Debo admitir, que mientras todo esto sucedía, estuve muy
cerca de la violencia, la violencia que le nace a cualquier madre,
a la cual le quieren quitar a su hijo. Pero siempre tuve en cuenta
las enseñanzas de mis mayores: la violencia genera violencia.
Aunque sea por 15 días, para una mamá es una eternidad,
una vida entera. Cuando entregué a mi bebé, que
fue arrancado prácticamente de mis brazos por la psicóloga
infantil, y que no permitieron que me abrazara y diera un beso
de despedida, (aun veo su carita llena de lágrimas) cuando
arrancó el auto, mi mundo se derrumbó y volví
a sentir el dolor atroz de mi corazón de madre, aquí
volví a pensar que no podía haber dolor más
agudo. Sin embargo...
Ésta es la primera carta que le escribí a mi hijo
en un cuaderno, para cuando fuera grande:
Mi querido bebé,
Empecé éste año sin vos. El dolor que siento
ya me sobrepasa. No logro dejar de llorar a cada rato por no tenerte
conmigo. Donde voy está tu presencia, tu risa, tu sinceridad,
tu desconsuelo por la rodilla raspada, tus proezas en la pileta.
Todo me recuerda tu hermosa presencia. Te amo tanto hijo mío,
y el dolor me agobia, prometo, mi amor, que seguiré la
pelea a muerte para que estemos juntos. No puedo permitir ésta
injusticia. No nos pueden separar así. No hay razones
Mis temores no fueron infundados, cuando volvió mi hijo,
estaba triste y la había pasado mal. No había podido
saber nada de él, ya que Demetrio no tuvo la gentileza
de llamar por teléfono, para informarme como y donde estaba.
Yo no sabia nada.
Su niñera me contó todo. Lo mal que había
estado mi bebé, y cuánto me había extrañado.
Había llorado muchas veces implorando por mí. Y
ella le había pedido encarecidamente al padre que volvieran
conmigo. Ulises llegó más flaco, y con una mirada
de temor que nunca antes le había visto. Como cualquier
madre lo revisé de pies a cabeza, y encontré con
gran asombro de mi parte, que su prepucio se había corrido.
Le consulté a la niñera y me contó lo que
Demetrio le había hecho. Una noche después del baño
y mientras ella lo secaba sobre la cama, su padre le preguntó
porque no le salía la cabecita del pene, y ella le dijo
que el médico había dicho que debíamos esperar
un tiempo más, y que seguramente solita iba a salir. Con
lo cual el papá, no dudó en tirar para atrás
con todas las fuerzas y sacarle la cabecita a la fuerza. Esto
provocó un sangrado importante en el pene del nene, y el
padre se asustó y lo llevó a un médico, el
cual al preguntar que había pasado fue informado de un
infortunado incidente al bañarlo.
Ese fue el primer gran episodio de dolor físico inflingido
adrede a mi hijo. A medida que creció, su temperamento
se hizo más fuerte y aprendió a manejar y a escapar
a la violencia física de su padre. Pero no se ha salvado
de la violencia psíquica ni emocional.
Durante la ausencia de mi hijo, y en son de protesta pacífica,
decidí efectuar una huelga de hambre durante los 15 días.
Presenté en Tribunales todo tipo de escritos, con habilitación
de día y hora, pidiendo por un lado una mínima comunicación
con mi hijo y la averiguación de paradero, a lo cual la
Juez me respondió que no era necesario ser informada de
ello.
Me hicieron entrevistas por radio, y por la prensa escrita.
Salieron artículos al respecto en televisión y diarios.
Pero nada hizo efecto. Con el tiempo supe comprender la ignorancia
de un pueblo pequeño. Lo que me sucedía a mí,
era moneda corriente entre los habitantes. Las injusticias, el
mal trato, la mafia de los abogados y de los Tribunales, era cosa
sabida. Lo que nadie entendía era porque yo protestaba.
Eso ha ido cambiando. La gente ya participa más, pero están
a años luz de un cambio radical.
A esta altura de mi relato no logro aun explicar con palabras
sencillas que fue lo que me llevó en definitiva a aceptar
este tipo de relación, porqué la aceptación
pasiva de la violencia.
Creo que me autocastigué por mi fracaso matrimonial, por
no haber aceptado ser una víctima consciente de la infidelidad
con tal de mantener el status social y económico, como
hacían tantas mujeres de la sociedad de aquel entonces.
Y también por sufrir lo que Demetrio le gustaba definir
como el "síndrome de abandono", del cual se aprovechaba
para lograr que me aferrara mas a el.
Esto es algo que nadie nos enseña a las mujeres. Debemos,
eso sí, ser sumisas y buenas madres y esposas, pero ¿cómo
aprendemos a defendernos?
De estas cosas nunca se hablaba. Era secreto el sufrimiento de
las mujeres de la familia o conocidas. Y en la escuela era peor
la desinformación. Y por eso tantas mujeres como yo caían
en la trampa y siempre pensando que era nuestra culpa, que no
sabíamos ser "buenas". El abuso no respeta las
clases sociales ni religiones ni status económico. Para
mi gran asombro, supe que es mayor la incidencia de violencia
familiar en las clases altas.
Siendo aun una tonta ignorante del peligro que me esperaba en
mi camino, y ante la insistencia de mi amado Demetrio de perdonarlo
y estar juntos, tomé la decisión de volver con él,
por un lado pensando que seria lo mejor para mi hijo, por el otro
seria bueno que mis hijos mayores tuvieran a un padre presente,
y también por mi amor por él.
Cuando miro hacia atrás, me pregunto como pude haber sido
tan ciega a las señales de advertencia que estaban ahí
mismo frente a mis ojos, y tan sorda a los consejos de los que
bien me querían. Pero si hay algo que me consuela es saber
que todo lo hice de buena fe, no tuve en ningún momento
malos pensamientos de infligir daño alguno a los involucrados.
Fue todo hecho con la ignorancia de la juventud y con el corazón
lleno de un amor tan enfermo como sublime.
Así fue como volví a la ciudad con mis pertenencias
y con sólo dos hijos, ya que el mayor Cristian, había
decidido quedarse en casa de mis padres; ya a sus 16 años,
veía claramente lo que yo no.
Al principio todo fue perfecto. Mi amor sobrepasaba mi claridad
de mente, la vida la veía hermosa y con gran sentido. Pero
las señales aun estaban ahí, y yo seguía
sin verlas. Hasta el día fatídico en que la violencia
volvió a surgir en todo su desgraciado esplendor.
Por supuesto me atribuí la culpa por haberlo provocado,
pero el detonante mayor fue que Ulises había presenciado
la violencia de su padre contra mi cuerpo indefenso y la escena
en la cual lo vi involucrado, y sentir sus gritos y ver sus intentos
vanos de defenderme a sus tres añitos, pudo más
que todo el amor del mundo, enfermo o sano, que pudiera sentir
por Demetrio.
Fue entonces cuando tomé la determinación de dejarlo
para siempre. La pregunta era como hacerlo, ya que la vigilancia
era estricta y aparte no tenia adonde ir con mis hijos y mis pertenencias.
Es así y ante la proximidad del cumpleaños de mi
padre, pedí el permiso correspondiente, para viajar a pasar
su día con él y los nietos, el cual fue concedido
a regañadientes, solo por unos días. Y así
fue que logramos escapar, sólo con una valija y algo de
ropa, y con gran alivio de mis hijos y gran dolor de mi parte,
ya que aun lo amaba a Demetrio. Pero se sentía bien la
nueva libertad adquirida. Aunque fuera de manera tan desgraciada,
puso en evidencia el estado de terror constante en el cual habíamos
vivido.
Luego de unos días y cuando logré juntar suficiente
coraje para defender mi determinación, y al ver la felicidad
y la tranquilidad que tenían mis hijos, le comuniqué
a Demetrio mi decisión. Lo tomó con tranquilidad
y lo que yo creía era hombría de bien y me envió
casi todas mis pertenencias. Qué poco sabia aun de psicopatías
y psicópatas, como para no ver lo que se avecinaba.
Por un tiempo todo estuvo muy tranquilo. Yo estaba feliz de ver
con que madurez todo se había solucionado. Dicen que la
quietud precede a la tormenta. Y ¡caray! Que es cierto.
Nunca se me ocurrió pensar que el hombre que había
jurado amarme para siempre solo estaba preparando la gran estrategia
para destruirme completamente.
Presentó en Tribunales a través de su abogado, el
pedido de tenencia completa de nuestro hijo. Aducía desde
prostitución hasta drogadicción, pasando por los
más bajos conceptos que se puedan tener de una mujer. En
ése momento la Juez actuante estaba de vacaciones en el
Caribe, supe luego, con el dinero tan generosamente "donado"
por el padre de mi hijo. Y estaba como subrogante otra Juez, a
su vez esposa de un dirigente político de la zona de la
misma escuela que el padre de Ulises, y también abogado
y amigo de Demetrio.
Esto lo sabia de buena fuente y fui a decírselo a mis entonces
abogados de confianza que defendían a capa y espada los
derechos de los niños, según ellos mismos decían.
Yo les exigí que la recusaran a la Juez por la familiaridad
que había entre ellos, y me contestaron que no era necesario,
que confiara en ellos. Y así lo hice.
Otro error más de tantos. Esta Juez en solo unas horas
le otorgó la tenencia definitiva a Demetrio, sin haber
ordenado siquiera un estudio ambiental, o un relevamiento vecinal
para comprobar si las acusaciones eran fundadas o no. Y allí
fue donde decidí escapar.
Debo admitir que estuve prófuga de la justicia con orden
de captura por tres meses y medio. Creyendo que solo era a nivel
provincial, me cruzaba a las vecinas provincias. Solo más
tarde supe que era a nivel nacional. Tenia un informante dentro
de la comisaría, piadoso de lo que ocurría, que
me avisaba cada vez que la comitiva venia a buscarme a mi casa,
y salíamos al instante, salvándonos de ser capturados
por minutos apenas.
Lo más irónico del caso es que Ulises de casi cuatro
años también tenia orden de captura. Y él
era el que me instaba a escaparnos, ya que odiaba la idea de estar
con su padre. Vamos, mami, más rápido, que
no quiero que me alcanzen.
Mientras, mis abogados, a instancias de mi insistencia y desesperación,
aceptaron presentar un escrito pidiendo que la Juez revea su sentencia
explicando claramente que no había pruebas concluyentes
de lo acusado hacia mi vida publica y privada.
Escritos iban y venían, yo me comunicaba vía telefónica
con mis abogados tratando de saber que sucedía. Que ingenuidad
la mía. Tampoco se me iba a ocurrir que mis abogados habían
cobrado una suma muy importante de dinero, en concepto de "atenciones"
de parte de Demetrio. Cuando les pregunté ¿porqué?
Me contestaron de algo hay que vivir.
Al final de mi periplo de tres meses y medio, ya con las arcas
agotadas de tanto ir y venir, y viendo la infructuosidad de todo
y la indolencia de todos, decidí que era hora de entregarnos
a la justicia. El 30 de Diciembre, pocos días antes de
cumplir Ulises 4 años, la Juez sentenció exactamente
lo mismo, negando la recusación que yo había presentado
a través de otro abogado (los míos ya se habían
tomado sus vacaciones suponía yo, ya que no contestaban
mis llamados). En realidad ya habían cobrado lo suyo.
Me vi obligada a entregarme, y lo hice de una forma de lo más
tragicómica, sentándome en la plaza del pueblo a
tomar un helado con mis hijos. Cuando pasó un oficial,
y me vio, salió corriendo hacia la comisaría. Al
rato aparecieron tres oficiales más, y también salieron
corriendo. A los pocos minutos apareció el comisario en
persona y se presentó delante de mi mesa y me dijo que
tenia que llevarnos detenidos. A lo cual yo le contesté
que de ninguna manera iba a aceptar semejante barbaridad y que
tratándose de un menor, debía tener arresto domiciliario.
Llamó al secretario de juzgado, el cual conocía
bien mi caso, y le explicó la situación. Hablé
con él, y le expliqué que sólo aceptaba estar
en mi casa hasta la llegada del padre de mi hijo. Y le daba mi
palabra de cumplir. Así fue. Nos escoltaron hasta nuestra
casa y allí nos quedamos, mi hijo mayor jugando a las cartas
con las dos efectivas que dejaron de guardia y yo afuera jugando
con Ulises. Si no hubiera dado mi palabra al secretario de juzgado,
me hubiera podido ir tranquilamente otra vez. Llamé a Demetrio
y le expliqué que podía venir a llevarse al niño,
que no me era posible continuar escapando y que la Juez ya había
dicho lo suyo. Todo esto en vísperas de año nuevo.
Esto escribí en el cuaderno:
Hijo mío, te extraño terriblemente, tus hermanos
están muy tristes. Aun resuenan en mis oídos los
profundos sollozos de Alan, la noche en que te llevó tu
papá y te separaron de nosotros. Lágrimas y dolor,
angustia y desazón, ¡Que manera de empezar un nuevo
año!
No pude ver a mi hijo por siete meses. Se me negó todo
contacto, sin razones, sin explicaciones.
Con un nuevo abogado intentando defender mi causa, me presenté
infinidad de veces en los Tribunales. Hice otra huelga de hambre,
participé de una marcha por la Justicia de la Provincia.
Fui procesada dos veces. Fui obligada a presentarme en la comisaria
para dejar mis huellas dactilares, fui interrogada por cosas que
no había hecho, fui llamada a indagatoria, a la cual concurrí
como corresponde. Demetrio también fue citado para lo mismo,
por la causa de lesiones, pero jamás se presentó.
No le pasó nada.
Ya han pasado siete años de intenso dolor. Nunca más
recuperé la alegría espontánea que me caracterizaba.
Debido a mi situación económica sólo puedo
ver a mi hijo cada 3 ó 4 meses. Y cuando viajo su padre
me hace todo tipo de triquiñuelas con tal de estorbar la
relación madre hijo.
En las fiestas de fin de año no me permite tenerlo conmigo.
Sólo lo deja venir a visitarme durante dos semanas al año.
Y sin dinero. Tuvo su primera comunión, y no fui informada.
Sólo puedo llamarlo los Domingo. Los otros días,
me responde el contestador automático.
Cuando estoy de visita en la Capital, sólo puedo verlo
a la salida del colegio y tomar el té en la cafetería
de la institución. Y así sigue la lista de prohibiciones.
Dejé de creer en Dios y en mi país. Mi hijo no es
feliz Ahora la víctima es él, de abuso emocional
y psicológico. Y no puedo hacer nada. Los cómplices
son muchos, los que ven lo que sucede y no hacen nada. Empezando
por las autoridades del colegio privado al cual asiste Ulises,
y que me han admitido que muestra señales de abuso emocional.
Las amenazas que he recibido por parte de Demetrio, sé
son ciertas y sé que es capaz de llevarlas a cabo.
La vida de uno de mis hijos mayores está en juego en cuanto
haga algo para recuperar a mi amado Ulises. Estoy atada de pies
y manos, mirando como si estuviera detrás de un vidrio,
como Ulises crece y se desarrolla, y se llena de resentimiento
contra un padre que lo obligó a separarse de su mamá.
Y contra la Justicia de su país, que le dio la espalda.
Se pueden imaginar cuanto más tengo para contar. Los detalles
espeluznantes del mal trato no sólo hacia mi persona sino
hacia mi hijo. Detalles del horror que me tocó vivir y
ahora le toca a un niño, aun indefenso. No puedo contar
las cosas que me dice Ulises. Tengo terror que esto le llegue
a la vista de su padre, que se reconozca y deba pagar las represalias
un niño de tan corta edad. Ya que su padre no sabe que
me cuenta las verdades de lo que pasa puertas adentro.
Pero una cosa si sé por cierto, la República de
Argémone está perdida. No tiene arreglo éste
país si sus habitantes no toman conciencia que la Justicia
es la base de la supervivencia de un pueblo. Si las mujeres no
reciben la educación y las armas necesarias para defenderse
y defender a sus hijos, no hay futuro, ya que el futuro está
en nuestros niños. Si la impunidad, la corrupción
y la codicia están a la orden del día, ¿cual
va a ser el fin que persigan nuestros niños de hoy, hombres
del mañana?
Quiero seguir creyendo, debo seguir luchando por el bien de mis
hijos, por su futuro. Pero para eso debo emigrar, y que se escuche
mi voz desde lejos. Quizá entonces pueda hacer una diferencia,
una pequeña ola en un charco, que se expanda hasta convertirse
en una gran ola que logre barrer con toda la maldad y avaricia
que existe en Argémone.
Ruego a la gente de bien del mundo entero, que donde vean a una
mujer en problemas, cuando sientan que está pidiendo ayuda,
no miren para otro lado. Tiendan hacia ella un puente de salvación
y denle la mano para ayudarla a cruzar.
*N.de
la R.: Esperanza Diógenes es Investigadora Asociada en
el campo del Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas. Consultora
permanente dentro y fuera del campo de acción para la investigación
y desarrollo del modelo experimental en la optimización
de los Recursos Humanos. Pionera en el área de recursos
para el desarrollo de tácticas de supervivencia en el campo
de los Derechos de la Mujer y Derechos del Niño. Traductora
de Inglés, Portugués y Español. Nació
en Puerto Rico y ha residido en diversos países de América
del Sur. Esta historia ha transcurrido, refiere, en uno de ellos
que ha preferido llamar Argémone.
MEXICO,GUADALAJARA,
JALISCO: CONVOCATORIA AL VI ENCUENtrO INTERNACIONAL DE ESCRITORAS
INÉS ARREDONDO DEL 23 AL 26 DE SEPTIEMBRE
PRÓXIMO.
Con la presidencia de la escritora Laura
Hernández Muñoz, transcurrirá desde el
23 al 256 de septiembre próximo el VI Encuentro Internacional
de Escritoras Inés Arredondo. El temario
estará referido a La Crítica Literaria de
y sobre la Literatura Escrita por Mujeres.
HISTORIA
Estos Encuentros se iniciaron en Arequipa,
Perú en 1998, por iniciativa de la escritora Elizabeth
Altamirano, presidenta en esa fecha del Centro de Escritoras
de Arequipa, cargo que ocupaba por tercera vez; logrando reunir
a 120 escritoras latinoamericanas.
Desde entonces se han realizado los siguientes:
I Encuentro Internacional de Escritoras: María
Nieves y Bustamante
Arequipa, Perú. Del 15 al 18 de septiembre
de 1998
II Encuentro Internacional de Escritoras: Nana Gutiérrez
Arica, Chile. Del 20 al 23 de octubre
de 1999
III Encuentro Internacional de Escritoras: Luisa Luisi
Montevideo, Uruguay. Del 14 al
17 de noviembre de 2000
IV Encuentro Internacional de Escritoras: Alfonsina Storni
Río Gallegos, Provincia
de Santa Cruz, Argentina. Del 20 al 23 de
Septiembre de 2001.
V Encuentro Internacional de Escritoras: Clara Lair
con Julia de Burgos.
Más allá
de las fronteras.
San Juan de Puerto Rico.
Del 30 de abril al 3 de mayo del 2003
Temario
Serán cuatro temas a desarrollar:
Crisis de crítica literaria de la obra escrita
por mujeres: ¿club del mutuo elogio, o descrédito
encarnizado?
Literatura escrita por mujeres y su diferencia con
la literatura femenina. Los hombres: ¿escriben literatura
femenina?
La misoginia femenina en la obra y para la obra escrita
por ellas.
¿Hacia dónde va la literatura escrita por
mujeres? Búsquedas y hallazgos.
METODOLOGÍA:
Conferencias Magistrales presentadas por
escritoras invitadas. Duración 45 minutos.
Está confirmada la participación de la escritora
española Ana María Navales con la conferencia:
Tras las huellas de Virginia Wolf, cuentos de Bloomsbury.
Ponencias
Las escritoras participantes deberán enviar antes del
30 de marzo un resumen de su ponencia que debe ser de tres párrafos
e incluir un breve currículum vitae. Una vez aceptadas,
deberán enviar la ponencia u obra leída, en archivo
adjunto o físicamente en un cd o diskette para ser incluidas
en la memoria del Encuentro.
Cada ponencia tendrá duración de 15 minutos en
mesas de cinco expositoras con una moderadora.
Presentaciones de libros
Se presentarán libros de narrativa, ensayo y poesía,
publicados durante los años 2003 al 2004, inscritos por
envío previo hasta el día 30 de marzo.
Duración: 20 minutos
Lectura de obra inédita y poesía
Al finalizar las mesas vespertinas tendrán lugar las
lecturas de los autores que inscribieron su obra.
Venta de libros
Las escritoras que quieran participar en la venta de libros
de su autoría durante el VI Encuentro, dicen los organizadores,
precisamos nos envíen los títulos y precios
para hacer un inventario. Los ejemplares se entregarán
al inicio del Encuentro en la sede: Museo Regional del Estado
y se recogerán los sobrantes el día de la clausura.
Se retendrá un 30% del precio de venta para pago de las
personas que atenderán la venta
Presencia masculina
Cono innovación a los anteriores Encuentros, habrá
un panel constituído por escritores e investigadores
que darán su punto de vista sobre el tema del Encuentro.
Certificado de asistencia
Se entregará certificado de asistencia para uso curricular.
HOTEL Y trANSPORTACIÓN
El hotel oficial del VI Encuentro es el
Roma Guadalajara en el corazón del Centro Histórico,
a 500 metros del Museo Regional del Estado que será el
recinto sede del Encuentro. La dirección es: Hotel Roma
Guadalajara. Av. Juárez nº 170, Col. Centro, Guadalajara,
Jalisco, C.P. 44100. Tel. (0133) 36 14 86 50 Fax: 36 14
26 29.
La inscripción cubrirá el alojamiento de tres
noches, desayuno buffet, visita a la ciudad y las cenas
de inauguración y de clausura. Para reservar su lugar,
esta deberá estar pagada, antes del 30 de mayo del 2004.
El acomodo será en habitación doble; si alguna
escritora desea compartir con alguna persona en particular,
favor de notificarlo en el momento de hacer su inscripción
y enviar el pago. Si se prefiere habitación individual,
pagará la diferencia. Las escritoras que fumen, deberán
decirlo para acomodarlas en la sección de fumar.
La transportación aeropuerto-hotel-aeropuerto será
por cuenta de las participantes. Hay servicio seguro de taxis
previa compra de boleto en la ventanilla anexa a la salida de
las salas del aeropuerto.
Durante el Encuentro habrá excursiones opcionales a Tlaquepaque,
Zapopan y Chapala. El sábado 26 está el Tequila
Express que visita la Hacienda San José del Refugió,
casa del Tequila Herradura, ahí podrán conocer
el antiguo y nuevo proceso de la elaboración de esta
famosa bebida mexicana; además durante el recorrido está
la cortesía de tequila y cerveza, música de mariachi,
ballet folclórico, antojitos mexicanos y mucha diversión.
ASISTENCIA ADICIONAL
Si se requiere de alguna asistencia especial,
favor de comunicarlo en el momento de su inscripción
para tomar las medidas al respecto.
ORGANIZACIÓN:
Presidenta: Laura
Hernández- Muñoz
Asistente: Elsa
Levy
Asesoras:
Ana María Navales
Elízabeth Altamirano
Mairym Cruz-Bernal
Maria Juliana Villafañe
Silvia Quezada
Celia Vázquez
María Eugenia Hernández
Comité
editorial:
Bethsabé
Ortega
Comité
de Prensa, Relaciones Públicas
Marcela Vizcaíno Servín
Adriana Rama
INSCRIPCIÓN
Escritoras de
países latinoamericanos:
Escritoras de Europa y Estados Unidos
Escritoras residentes en México
Escritoras residentes en Guadalajara
$100.00 U.S.D
$150.00 U.S.D
$1000.00 pesos
$500.00 pesos
Para depósito de Inscripción:
Cuenta en Banco Santander Nº 51315014761
a nombre de: Laura Hernández de Martínez.
Al hacerlo se enviará por fax la ficha del depósito,
con el nombre claramente escrito de quien lo remite.
Las ponencias y libros deberán ser enviadas a: Laura Hernández-Muñoz Paseo
del Bosque #3459 Colinas de san Javier, C.P. 44660
Guadalajara,
Jalisco, México